VALOR Y PRECIO DE LOS ALIMENTOS

VALOR Y PRECIO DE LOS ALIMENTOS
VALOR Y PRECIO DE LOS ALIMENTOS

La máxima de D. Antonio Machado fue la de confirmar que “Todo necio confunde valor y precio”. Y no es menos cierto que han corrido ríos de tinta, para tratar de aclarar el origen del valor y su diferencia con el precio. Si desencadenan ustedes un debate sobre esta cuestión, verán que  este es uno de los principales debates de la economía moderna, en medio de una diversidad de opiniones. Y si quieren que el debate sea hasta acalorado, no tienen más que hablar del valor, los precios, las hipotecas y el mercado inmobiliario.

Resultado de imagen de dacion en pagoYo me atreví a decir en la prensa local aragonesa, dos años antes de que estallara la crisis inmobiliaria, de que con la deuda familiar adquirida por las familias españolas, no se podrían seguir produciendo y vendiendo alimentos de calidad. El sistema financiero español practicó una liquidación de los valores inmopbiliarios y la cascada de caídas financieras, de cajas y administraciones territoriales pagaron los despropósitos de unos valores inflados del mercado inmobiliario. El debate del modelo tributario territorial, el fin de las entidades de ahorro, el pago de la deuda financiera por el erario público, la descualificación general de la mano de obra y la huida de los jóvenes cualificados al extranjero fueron los principales efectos de esta nueva deblacle hispana.  Yo que había estudiado el debate sobre la tercera revolución industrial, no lo dudé ni un segundo. Vi detrás de todo este fenómenos el fin de la estructura de producción fordista y el descabalgamiento del capital financiero que Piorée y Sabel, del Instituto Tecnológico de Massachussets, habían previsto como salida ante la inadaptación del sistema económico a las necesidades del cambio. España, que había seguido la senda de EEUU en lo económico, se volvía a equivocar por no escuchar a los mejores cerebros de ese país y seguir la senda de los elefantes..

La renta cautiva para pagar los bienes inmuebles, con precios más elevados que su valor real (pisos, locales, etc), disminuyó la capacidad de los españoles para pagar una buena comida y el estado asumió la deuda. Comenzó entonces la era del Low Cost o bajos precios, en el comer y el vestir, tal como yo hbía advertido. El poco dinero que quedaban en manos de las unidades familiares, eran destinados a comprar alimentos o vestidos con bajo precio e incluso menos valor. 

Si ayer, un sistema financiero descabalgado de la economía real, nos enseñaba un un valor ideal tan elevado como el del vuelo de los buitres carroñeros, forzando unos precios altos de los pisos, más tarde nos han ido enseñando unos alimentos basura para mantener unos precios bajos. Unos alimentos incapaces de integrar valores saludables, sabrosos y sostenibles. Esos valores no integrados en el precio, se llaman deseconomías. Y éstas lo que hacen es no afrontar el problema de los valores, dejando que en el precio no se incluyan los costes medioambientales, culturales y de salud poblacional. Posteriormente esos costes son socializados por los sistemas públicos expuestos a una quiebra segura, por disparo de unos costes sobrevenidos a medio y largo plazo.  El sistema alimentario de bajos costos, poca calidad medioambiental y de valores saludables, es hoy el nuevo “timo poblacional”. Y en este valor hasta tiembla la llamada seguridad alimentaria propia de un abastecimiento a precios razonables de alimentos inocuos, con valores saludables. La crisis del sistema alimentario viene disparando alertas alimentarias poco conocidas y que tienen que ver con la degradación de éste. (Grasas saturadas vegetales de doble uso, antibióticos masificados, utilización de agentes químicos indebidos, virosis y bacteriosis ganaderas fuertes, etc ….).

El precio no pagado por el consumidor individual (que sobrevive como puede) será pagado de una forma socializada por el estado al cabo de unos años.  Algo que pagaremos con la bancarota del sistema público de la Seguridad Social, la asistencia médica, o el deterioro del planeta hasta hacerlo inviable. Lo que se denomina un estado de crisis generalizada que puede desencadenar conflictos muy graves., como lo que ya comenzamos a vivir en nuestra Europa comunitaria.  En EEUU, los gastos sanitarios van camino de ser el 20% del Producto Interior Bruto. Y los gastos medioambientales (huracanes, pérdidas de cosechas, incendios, pérdida de recursos naturales) … serán algo más que el cuento chino al que aludía el magnate neoyorkino, Sr.Trump. Estamos en la era de la llegada de los dinosaurios y cualquier factor sorpresa devastador puede ocurrir, ante la pérdida de la estabilidad del sistema económico, ecológico y de salud pública y ambiental.

Los alimentos no son caros ni baratos. Si una parte de la agroindustria los ha hecho baratos, es porque no integra valores, cuyos precios son dejados para que sean pagados por todos. Así ocurrió en las vacas locas, o en la utilización de una biotecnología estresante para un orden natural en vías de agotamiento, con respuestas impredecibles. Vistas así las cosas les llamo a proteger sus sistemas alimentarios y el agua. A los ecosistemas de montaña. A los suelos y su organicidad. A promover buenas prácticas y ejemplificar los sistemas alimentarios locales con buenas prácticas controladas por la población. Es bueno que algunas de ellas, como ADICAE, hayan mostrado sus ganas de avanzar y comiencen a mantener un diálogo con la Mensa Cívica. O que se haya constituído alguna plataforma de padres para la defensa de una comida escolar de calidad, como la de Zaragoza. O que las Ampas de Cataluña y Valencia quieran intervenir en el proceso de adjudicación de la comida colectiva de sus hijos. Cualquier manifestación que muestre el despertar social crítico o que nos muestre una Responsabilidad Social de las empresas, en defensa de la sostenibilidad planetaria es bueno. En nuestra mano está el diálogo y la preocupación por una alimentación que contenga precios integradores, valores saludables y medioambientales, que combatan y mitiguen el cambio climático o eviten la huella ambiental. Y una preocupación por los residuos a lo largo de la cadena, dentro del concepto de una economía circular. Una nueva economía que nos llama a eliminar de nuestro vocabulario la palabra residuos y desechos, que las administraciones públicas han de gestionar con costes elevados.

La hora de la conciencia social y medioambiental llama a nuestras puertas. Y debemos valorar que en el precio de las cosas se contenga una ética social y medioambiental, adecuada al paradigma de un desarrollo sostenible. Y por eso la Mensa Cívica, desde su modesto alcance, tenderá la mano a quienes desde diversos ángulos empuja a la sostenibilidad planetaria y a la salud, que comienza a estar en juego. El reciente estudio de Jesús de la Osa, lo pone en claro.(1)

(1) Ver https://elpais.com/sociedad/2013/10/17/actualidad/1381961231_207709.html)

 

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