STOP GLIFOSATO

STOP GLIFOSATO
STOP GLIFOSATO

La noticia escueta distribuida por los medios de comunicación nos hablan de que diversas organizaciones profesionales agrarias de ámbito nacional y general ASAJA y UPA, Cooperativas Agro-alimentarias de España, la  Federación Española de Productores Exportadores de Frutas, Hortalizas, Flores y Plantas Vivas (FEPEX) y la Asociación Española de Agricultura de Conservación/Suelos Vivos (AEAC.SV), representantes de miles de agricultores, ganaderos, cooperativistas, empresarios y exportadores del sector agrícola español, se han agrupado en ALAS, la Alianza por una Agricultura Sostenible.

Las organizaciones firmantes de esta petición manifiestan su apoyo a un modelo de agricultura productiva sosteniblemente intensificada y a la renovación de la autorización del glifosato por el periodo máximo autorizado en la reglamentación comunitaria, justificado por criterios científicos respecto a su seguridad y uso, medioambientales y criterios económicos y productivos.

Las entidades del sector productivo agrícola integrantes de ALAS han firmado un manifiesto en defensa del glifosato, como herramienta para la sostenibilidad del sector agrícola.

Actualmente, está en curso el proceso de renovación del glifosato en la Unión Europa. Antes de que finalice el año 2017, la Comisión Europea deberá pronunciarse sobre la renovación de la autorización de comercialización de esta sustancia activa, empleada desde hace más de 40 años en agricultura y libre de cualquier patente.

Nos ha llamado la atención que para defender esta posición se haya apelado a la sostenibilidad del sector agrícola. Este término está siendo confusa y premeditadamente utilizados por una parte del sector productivo español, generando confusión entre los conceptos económicos y medioambientales (en otros téminos en una agricultura sostenible desde el punto de vista de la agroecología). Este confusionismo conceptual está tratando de contraponer el desarrollo económico de nuestra agricultura y alimentación a un desarrollo sostenible y saludable. Está claro que un desarrollo económico que no integre los aspectos medioambientales y de sostenibilidad, generan problemas a largo plazo para la agricultura del futuro. La historia de la agricultura humana está repleta de desmanes que han arruinado modelos florecientes de la agricultura del pasado y ha llegado a hundir a civilizaciones enteras (deforestación, riego con aguas salinas, plagas engendradas por la repetición de cultivos, pérdida de biodiversidad y empobrecimiento suelo, modelos ganaderos indebidos). Así que apelar al beneficio a corto plazo, siguiendo el refrán “tras de mí el diluvio”, no nos parece que debamos considerarlo como una cuestión de “sostenibilidad” del sector agrario.

Por otro lado apelar al glifosato reclamando una agricultura sostenible es irrisoria, cuando en los propios Estados Unidos se están consolidando estudios sobre la negatividad del comportamiento de la vida en el suelo, tras la aplicación prolongada del glifosato como herbicida sistémico. Tal es el caso de la referencia del estudio conjunto de varios investigadores norteamericanos donde se analiza el empobrecimiento de la vida en el suelo y sus consecuencias para la propia estructura del suelo. Unos aspectos que unidos a otros productos químicos aplicados a la agricultura, han llevado recientemente a desarrollar una campaña en defensa de los suelos para preservar la capacidad productiva de la tierra, de forma sostenible. Ver http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S004896971530989X

Asimismo  está demostrado que la aplicación sistémica del glifosato en los campos lleva aparajeada la necesidad de aumentar las concentraciones de este herbicida, dada la creciente resistencia biológica de las plantas a este compuesto químico que elimina toda la vida vegetal a excepción de aquellas plantas que se han preparado para la recepción de este herbicida, con aplicación de la transgenia. Tal sería el caso de la soja transgénica que algunos sectores productores reclaman para que se produzca en España. Esta consideración es utópica habida cuenta de que España es un país mayoritariamente árido y que solamente podría producir esta leguminosa en zonas regables. La intensividad de las zonas regables españolas está originando la creciente depredación de un recurso natural escaso, como es el agua. El ecocidio producido en el río Gállego (afluente del Ebro) producido por la producción de Lindano (antiguo pesticida erradicado de la agricultura) y el creciente deterioro de la calidad de las aguas de España, pone en cuestión que el sector agrario pueda imponer al conjunto de la población unos dictados productivos que violan las reglas mínimas de sostenibilidad y de salud pública y medioambiental.

La OMS señaló en el año 2015, a tenor de los datos contratados en algunos países de América y de otros países del mundo, que el Glifosato es probablemente un carcinógeno humano. La evaluación por la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC) de glifosato, que se utiliza en los herbicidas con ventas anuales estimadas de USD 6 mil millones, es de especial interés para Monsanto, la compañía que trajo glifosato al mercado bajo el nombre comercial Roundup en la década de 1970. Más del 80% de los cultivos transgénicos en todo el mundo están diseñados para ser cultivadas con este herbicida. La IARC no tiene un papel regulador y de sus decisiones no conduce automáticamente a las prohibiciones o restricciones, pero el informe ha ejercido una presión enorme sobre los reguladores y la industria de la biotecnología, que dependen de glifosato para un gran porcentaje de sus beneficios.

La solución a la sostenibilidad agrícola española no pasa pues por la intensividad agrícola que pone en riesgo a la población. Tampoco pasa por cultivar la soja transgénica como cultivo que satisfaga la carencia de la proteina en España. Pasa, y ya lo hemos repetido muchas veces, por potenciar el cultivo de legumbres diversificadas, apoyo a las ganaderías extensivas y de montaña y a una pesca sostenible. El desarrollo del sector alimentario español, que apuesta por una política de precios bajos, pero que es incapaz de integrar valores saludables y sostenibles, no se puede hacer a costa del deterioro de unos recursos naturales que como bien dijo hasta el propio papa de Roma, forman parte de la casa común donde vive  la  humanidad. Y si el papa de Roma lo dijo es porque somos muchos, desde la FAO y comunidad científica y profesionales, los que estamos preocupados por un desarrollo que pretende mostrar que todo es posible en este planeta. Axioma que no pasa de ser un mito impulsado por empresas interesadas en vender sus productos químicos, farmecúticos, aun a costa de poner en riesgo el futuro de nuestro entorno. Desde Sabiñánigo en Huesca, el Lindano en el río Gállego y los quebraderos de cabeza para el Gobierno de Aragón para hacerse con la situación que pone en jaque el desarrollo de amplias zonas del mundo rural oscense y de Zaragoza, no son más que la punta del iceberg de lo que viene siendo el gran fracaso de un modelo intensivista agrario insostenible.

 

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