QUIEN DEBE DECIDIR LA COMIDA DE NUESTROS HIJOS EN LAS ESCUELAS?

QUIEN DEBE DECIDIR LA COMIDA DE NUESTROS HIJOS EN LAS ESCUELAS?
QUIEN DEBE DECIDIR LA COMIDA DE NUESTROS HIJOS EN LAS ESCUELAS?

Benimaclet es un barrio de la Huerta Norte de Valencia situado tras la ciudad Universitaria, cuya comunidad (profesores y estudiantes) ha convivido con la población de este barrio tradicional de la llamada Ronda Norte. Linda con Alboraya, que ha permanecido como poblado perirubano que ha resistido la presión urbanística de Valencia, por la pervivencia de la famosa chufa y horchata de Valencia. Los de Alboraya decían que la horchata se mojaba al cruzar la acequia de Alboraya, dejando claro que Benimaclet ya formaba parte de la concepción urbana de Valencia, menos dada a la captación sensorial de los alimentos de la feraz huerta valenciana. La maldición se ha visto consagrada al convertirse Benimaclet en un barrio abigarrado, en el que han surgido diversas voces que sienten la necesidad de recuperar y congraciarse con la huerta norte.

Me acuerdo cuando iba a la escuela de Ingenieros Agrónomos de los años 70, que en aquel tiempo se situaba en la actual Avda de Blasco Ibañez. Veía a los últimos artesanos de la tierra tejer con cuerda y paleta de albañil, los surcos de una huerta que daba hasta tres cosechas. Valencia se jactaba ante el mundo entero de tener una huerta modélica y unos cítricos que eran  la envidia de todo el mundo. Los naranjeros (Tarongers) nos dejan el rebuig (los restos de la cosecha de la buena naranja), se decía por aquel entonces. Pese a ello la gente manifestaba con orgullo que huerta y citricos hacían de Valencia la envidia de España, por lo que esa ciudad no perdía esas raíces mediterráneas. A ellas se unía el arroz y el “all i pebre” con el que se cocinaban las anguilas de la albufera. El pescadp del Grao compleyaba la imagen de una Valencia tradicional que se resistía gastronómicamente a acceder a una modernidad mal entendida que iba a finalizar con su alimentación de calidad. Hoy estamos ante una Valencia subsumida entre el bollicao industrial y la cultura del plástico y pan de goma de mascar, que es incapaz de reconocerse en la horchatería dedicada a la Santa Catherina cátara bizantina, debajo de la torre fundada en honor de la hija de Jaume el conqueridor, que expandiera el reino de Aragón por los confines del mediterráneo. La Valencia que Sorolla pintara y Basco Ibañez describiera, iba a sucumbir ante la fiebre urbanística que azotó a toda España, de las manos de Cajas de Ahorro y con apoyo de clanes autonómicos, que también se introdujeron en los megocios de la comida y de la alimentación LowCost altamente insostenible y poco saludable. Al final de esta trama, oscuros personajes de la alimentación han salido a la palestra pública. Valencia junto a Madrid se convirtieron en territorios Gürtel del todo vale con tal de acumular enormes capitales inmobiliarios en los queel amor a la huerta se asimilaba a paleto, rural y atrasado. La modernidad se manifestaba a través de lo virtualmente sucedáneo, alejándose de la propuesta del SlowFood italianizante de la ribera mediterránea. Si Barcelona defendió tardíamente su huerta del Prat de Llobregat, declarándola parque agrario o reserva, y resucitando sus mercados, Valencia asfaltó la huerta desde la autopista de Barcelona al Camino de Vera. La propia Universidad Politécnica de Valencia no deja de reconocer en algunas de sus placas, este acontecer histórico que terminó sellando su suello. Si el campo del Mestalla aparece inacabado, el campo de la Universidad Politécnica aparece con hierba plastificada, como si fuera una cancha de baloncesto.

Desde hace unos años la Huerta Norte, desde Godella a Benimaclet, registró un repunte de su actividad que apelaba a resucitar los aspectos locales tradicionales de la alquería y la barraca. Eran los signos de una posmodernidad que promovía valores identitarios opuestos a la globalización homogenizadora de la corrupción made in La Florida de Miami y que encontraban en la sensorialidad de la huerta uno de sus símbolos más destacados. En ese clima hasta los horchateros de Alboraya se animaron a repuntar su buena horchata, hasta el punto de mostrar al mundo que mentían quienes no apreciaban la calidad saludable de una leche de chufa (la sentencia del tribunal europeo ha prohibido llamar así al jugo de soja, pero no a la leche de almendra, y por extensión de chufa). Muchos fuimos los que rendimos homenaje a los horchateros de Valencia y supimos ver que el famoso mito de Jaume el conqueridor (Aixó es or xata) seguía siendo una boutade, pero que contenía una parte de verdad. La excelente horchata que emergió avanzó también hacia la agricultura ecológica, alternando con otras hortalizas que también debían ser ecológicas. El reto de la chufa para diferenciarse de la importada de Africa, fue definiendo territorios de huerta ecológicos (“de nuestra casa natural”) que se extendieron en el cinturón Norte, por encima de la vía de los Hermanos Machado.

Este movimiento fue cristalizando en algunos mercados de zona, con venta directa. Estos nuevos aires terminaron por animar a los padres del Colegio Pare Catalá para emprender el camino que la Mensa Cívica (Restauración colectiva sostenible) que en España habían emergido tras la Expo H2O de Zaragoza que precedió a la Expo de Milán 2015. Se trataba de que el comedor de la escuela Pare Catalá terminara siendo un comedor de referencia basado en sistemas alimentarios locales y ecológicos. El Ampa del colegio se autoorganizó e intervino en favor de que Cuinatur, empresa de restauración de colectividades que había adquirido buenas prácticas en Catellón, entrara como empresa que diera de comer a los niños y chicos que allí estudian. La empresa Cuinatur, que ha sido socia fundadora de la Mensa Cívica, juntos a otras de Cataluña, Aragón, Madrid, Extremadura se aprestó a realizar un buen servicio, atendiendo a la parte social de la restauración social de los comedores escolares y un compromiso con los proveedores locales y ecológicos, de la plataforma litoral de la comunitat valenciana y de los territorios de montaña mediterráneos que la bordean.

Al finalizar el curso de 2016- 2017, el Consejo Escolar, con el voto particular de la dirección del centro (la votación estaba empatada) tomó sorpresivamente la decisión de apartar a Cuinatur del comedor escolar y otorgar esa concesión a la empresa Intur del grupo Gimeno, al que el diario La Vanguardia de Barcelona y la propia AMPA, fan denunciado su implicación en la trama Gürtel. Este desenlace ha desatado un potente malestar en la zona, porque afecta a la concepción del comedor, del papel de la huerta, el ordenamiento urbanístico y el deseo de los ciudadanos para evitar un crecimiento desaforado e insostenible de las ciudades. Hoy las ciudades siguen creciendo en países en vías de desarrollo, como medio de acumulación primitiva, basada en la especulación y las tramas urbanísticas. Pero las ciudades actuales se muestran en clave cualitativa y hasta la Unión Europea ha declarado que en el año 2018 se dedicará un importante apoyo a la economía circular en las urbes europeas. El desarrollo sostenible se impone y la comida no hace más que reflejar el simbolismo del somos lo que comemos, que definieran entre Brillat Savarin a Ludwig Feuerbach.

La reacción del Ampa a la posición de la dirección del centro se ha podido seguir por su página web, y en el artículo aparecido en la Vanguardia de Barcelona. Es de agradecer el tono moderado y de entereza manifestado por un Ampa, que marca una posición firme y civilizatoria acorde con las personas cultivadas de Valencia. Han analizado, comprobado y desmentido todo tipo de intrigas contra la empresa Cuinatur, los proveedores y  evitando que se distorsionara la concepción educativa del comedor escolar. Se sigue manifestando el marco reivindicativo de L´Horta Nord, que se oponen a los planes urbanísticos acelerados en los confines del propio Colegio. La Huerta ecológica (sostenible), sensorial, saludable y sociable de Valencia, mantiene una adecuada gastronomía y sostenibilidad, que permite educar a la infancia y la juventud en el sentido que marcan los esfuerzos de grandes urbes como Nueva York, Turín, Gante, Copenhague. Por todas estas razones nos han parecido lamentables los intentos de la Dirección del Centro para evitar que el Ampa se reuniera en la propia AAVV y las descalificaciones gratuitas contra la empresa Cuinatur y los proveedores locales.

La Mensa Cívica, que reune a varias empresas de colectividades y de fuerzas sociales y ambientalistas, ha participado en los debates de la Unión Europea para la elaboración del próximo Pliego de Compras Verdes de alimentación y servicios de catering de la Unión Europea. El borrador final ya se encuentra en los despachos de la propia Comisión Europea. Las administraciones públicas españolas no pueden dar la espalda a ello y nuestra misión hasta la fecha se ha concretado en la defensa de buenas prácticas como las realizadas en el Colegio Pare Catalá. Por esta razón vamos a apoyar los esfuerzos del AMPA y mantendremos informados de nuestra posición de defensa de la adjudicación de la comida escolar a Cuinatur (con una mejor oferta económica, de proximidad y sostenibilidad) ante el Ayuntamiento de Valencia y la Generalitat de Valencia. Queremos dejar claro que la defensa de las buenas prácticas es la antesala obligatoria de la aplicación de los próximos Pliegos de compras verdes que incorporan requerimientos de sostenibilidad a los de saludabilidad que complementan los de la inocuidad alimentaria (entendida como riesgos para el comensal, que en inglés recibe el nombre de Safety, que no se debe confundir con el clásico concepto FAO de Security). España no puede mantener la imagen de un sistema alimentario que se dice competitivo porque no incorporar varios valores alimentarios a la comida. Y hay algo de más valor que la cultura mediterránea?. Lo dejamos para pieza de museo y declaraciones formales de que Valencia es la capital mundial FAO de la alimentación? Dejamos ya de tutelar a las Ampas como si no fueran conscientes de la necesidad de una alimentación sostenible y de calidad?

En definitiva la administración no puede decidir mantener un servicio de comedores escolares, sin implicar activamente a las Ampas y a aquellas empresas que manifiestan su voluntad de cambio. Sólo si se corrigen las actitud mostradas por la dirección del centro Pare Catalá y se habla con el AMPA, Valencia podrá mostrar que ha puesto fin a esa etapa anterior que le privó del cariño y respeto que muchos tenemos respecto a esa gran capital del mediterráneo. Lo demás es puro ruido de una tramolla capitalina que tiene poco que ver con el desarrollo sostenible y de calidad de las ciudades de este planeta. Y Valencia debe apostar por poner fin a la corrupción en ese Miami mediterráneo que trata de imitar a la Florida del todo vale de los magnates sin escrúpulos. Para ese menester, es mil veces mejor California y la zona que va de Nueva York hacia Boston y Vermont. Ese es el paralelismo que mueve el gran dilema del Levante español.

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