QUIEN CONTAMINA PAGA!!

QUIEN CONTAMINA PAGA!!
QUIEN CONTAMINA PAGA!!

Vivimos en sociedades cada vez más urbanizadas donde se han trasvasado millones de personas del campo a la ciudad. Los expertos ya hablan de que antes de mitad del siglo XXI, un 70% de la población mundial vivirá en las ciudades. Así pues se puede afirmar que somos protagonistas de uno de los fenómenos históricos más trepidantes de la historia humana. El salto del ser cazador recolector a la civilización sedentaria, se verificó hace doce mil años entre Sumeria y Georgia. Cerca de esa Siria que hoy se permiten destruirla sin piedad, atacando la cuna de un estadio histórico que fue avanzando a golpe de cambios internos (sociedades esclavistas, feudales y burguesas) o relevos civilizatorios.

El último nómada que retó a la civilización fueron las huestes de Genghis Khan, hará unos 1000 años. Pero China fue la encargada de subsumir a esos intrépidos y sanguinarios conquistadores, a esa legendaria civilización que hoy está despertando al mundo. Nosotros hemos visto con nuestros ojos, pasar de la edad media profunda de la España sepulcral, a una España moderna, modelada por poderes exógenos que ni siquiera nos han dejado resituarnos en la historia, con luz propia. Hemos pasado de un país con un 50% de población agraria que nos mantenía,a un país con un 3% de población dedicada a la producción de alimentos. Una población sumamente envejecida, que ni siquiera tiene clara su relevo civilizatorio.

Los costos ocultos de la agricultura industrial

La sociedad urbana ha crecido a costa de rebajar el precio de los alimentos y expulsar de la actividad productiva a los tradicionales capesinos, ganaderos, pescadores y recolectores. Para avalar este nuevo modelo de gran escala agroindustrial en el que 3 compañías dominan el 60% de las semillas y productos químicos de la agricultura, y que ha diseñado potentes máquinas y medios para la producción (tractores, cosechadoras, avionetas, barcos …) los defensores del sistema sostienen que la productividad agraria se ha elevado y que la población de los países más desarrollados, tienen una alta esperanza de vida.

Aun así, la propia Comisión Europea, reconocía en el año 2012 que era necesario abordar cambios hacia una mayor sostenibilidad en la producción, transporte, logística y alimentación humana. Las luces rojas se van encendiendo por el cambio climático, los impactos ambientales, los daños sobre la salud, la pérdida a gran escala de los recursos naturales y una fuerte pérdida de biodiversidad. Todas estas cuestiones hacen que el todo vale, ya está perdiendo fuelle entre los defensores de este sistema y nos vemos abocados a decir que los costes del sistema empiezan a manifestarse de forma notbale. Aparecen las trompetas apocalípticas de nuevo, y aun son muchos los que apelan a que la biotecnología podrá afrontar los evidentes problemas del presente.

Lo que no cabe duda alguna, es que los investigadores y expertos han confirmado que es hora de que el precio de los alimentos tiene que aumentar con el fin de cubrir los costos ambientales de la agricultura industrial. Si el precio de los alimentos baratos, que han dejado un gran margen de renta familiar para dedicarla a otros fines, incorporaran los costes generados por la agricultura industrial moderna, los precios serían mucho más altos. Esta es la conclusión de un equipo de investigadores de la Universidad de Augsburgo en Alemania, entre ellos Tobias Gaugler, que ha estudiado el impacto de nitrógeno, ampliamente utilizada por los agricultores en Alemania y en otros lugares para aumentar los rendimientos. O los estudios que se realizan con los impactos del modelo intensivo ganadero del presente, frente a los modelos extensivos del pasado.

“El uso y abuso de fertilizantes y abonos a base de nitrógeno provoca un exceso de sustancias nitrogenadas en el suelo. Esto es un problema para la salud humana y del medio ambiente,”  dijo Guagler a Deutsche Welle, la emisora pública ​​internacional de Alemania. El estudio demuestra que la agricultura convencional explota más recursos, pero los costes ambientales y costes futuros para la recuperación y revitalización del suelo no se calculan en el precio del producto en el estante de los lineales.

Los investigadores encontraron que los costes incurridos por el uso excesivo de nitrógeno – por ejemplo, el costo de filtrado y purificación de agua potable a partir de residuos de nitrógeno – conducirían a un aumento del 10% en el precio del producto final. Residuos de nitrógeno en el suelo se ven agravados por la contaminación del aire, la degradación del suelo, y el enorme impacto del uso continuo por parte de los antibióticos en las explotaciones ganaderas intensivas. En resumen, si todas las consecuencias de la producción intensiva e industrial de alimentos fueron incluidos en el precio final, los precios se elevarían.

Quién paga?

La pregunta que nos hacemos es ¿quién paga? Los responsables de la contaminación no se responsabilizan y son los contribuyente y su salud, y el propio planeta y su futuro quien paga este desafuero.

En Alemania, ya se han tomado medidas para exigir que el gobierno revele estos costos ocultos e incorporarlas en los precios finales de los productos. Pero Gaugler ve un resultado diferente: ‘La culpa no es sólo de los supermercados, ya que los precios bajísimos son a menudo el resultado de la presión política y la demanda de un sector de los consumidores. Es pues cuestión de tiempo, el que se aplique el criterio  de “quien contamina, paga”. Los Verdes añaden leña al fuego cuando argumentan que los precios más altos en los supermercados podrían forzar a los consumidores a tomar mejores decisiones y dar lugar a una reducción en el desperdicio de alimentos. En Alemania, siete millones de toneladas de buena comida se tiran cada año.’ ¿Eso no lo dice todo?

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