Placeres culpables

Placeres culpables
Placeres culpables

Los que me conocen sabrán que la carne no se encuentra entre ninguno de mis placeres (culpables y placenteros), pero deberíais verme frente a un plato de borrajas.

La carne (y la proteína animal en su conjunto) siempre ha sido un tema controvertido dadas sus complejidades a distintos niveles – ambiental, social, económico y cultural. En este artículo no pretendo hacer un análisis exhaustivo sobre estas complejidades, si no dar un mensaje de que comer “menos y mejor” carne (y por extensión otros productos de origen animal) es algo que deberíamos empezar a aplicar en la práctica dado que comer mejor fomenta una cultura donde le damos mayor valor a la comida que comemos, y beneficia el medioambiente, el uso de los recursos, la salud (humana y animal) y a las personas que los producen.1

Según un reciente análisis de los hábitos alimenticios de los británicos, un 44% estaría dispuesto o está comprometido a reducir su consumo de carne o eliminarla por completo. No obstante, pese a la creciente demanda de comer ‘menos y mejor’ carne (que podrían catalogarse como flexitariano) y las conductas vegetarianas y veganas, todavía existen muchos obstáculos para acceder a productos y servicios que fomenten el consumo de alimentos de origen vegetal (verduras, frutas, legumbres, cereales, frutos secos, etc.).2

Podemos verlo en los supermercados, restaurantes y servicios de restauración colectiva, donde, por lo menos en nuestro país, la carne sigue estando presente cada día en nuestras mesas, aunque estos días nos estemos alimentando a base de ensaladas para pasar el calor extremo con el que se podría freír un huevo frito sobre la acera.

Igualmente, no sólo el acceso o la falta de alternativas son un problema, pues muchas veces ni siquiera sabemos el origen de ese producto que descansa sobre el plato y aguarda para ser “devorado”. En el mejor de los casos (por no caer en demasiados fatalismo), el origen de este producto vendrá identificado en el etiquetado o en el menú, o preguntaremos a la persona responsable para que nos facilite la información. En cualquier caso, no llegaremos a tener una clara certeza o distinción entre una gama y otra de producto y estar consumiendo panga como merluza o lenguado – lo cuál estaría penalizado y no sería éticamente correcto desde el punto de vista productivo, ya que esto repercute en la buena labor que ciertos productores y distribuidores realizan cada día para elevar los estándares ambientales, sociales y bienestar animal de nuestro país. Por ello, es necesario promover una mayor transparencia en cuanto a la procedencia y la calidad de los productos que se venden y consumen.

Una mayor calidad, de acuerdo a un estudio francés que destacábamos hace unos días,3  no es incompatible con un precio justo, al igual que tampoco lo es con seguir consumiendo jamón, anchoas o un chuletón de vez en cuando y de forma consciente.

De todas maneras, creo que es importante abrir nuevas oportunidades para la creación de productos y espacios con más productos de origen vegetal dentro de una alimentación saludable, variada y sostenible que:

  1. Aumente la cantidad de vegetales, hortalizas y/o legumbres servidos con productos de origen animal.
  2. Ofrezca porciones más pequeñas de productos de origen animal para que éstos se utilicen sólo para dar sabor en lugar de como ingrediente principal. Esto también supondrá un menor desperdicio alimentario, ya que la ilusión de la abundancia conduce en muchos casos al desperdicio alimentario.
  3. Reemplace parte (o toda) la carne con vegetales y/o legumbres (ej. una lasaña con lentejas).
  4. Favorezca comer más comidas sin “carne” y tener uno o dos “días sin carne” cada semana. Tener cuidado con los productos lácteos en este caso, pues suelen ser ricos en grasas y sal.
  5. Incentive comer menos carne, y en caso de que se haga, que existan opciones económicamente asequibles para elegir “carne” que ha sido criada y producida respetando un elevado nivel de bienestar animal y ambiental, como los productos ecológicos.
  6. Eduque y comunique sobre la importancia de una alimentación saludable y sostenible.

Este último punto es el verdadero desafío al que nos enfrentamos actualmente, pero hay hambre de cambio, así que hagámoslo posible.

 

Referencias:

  1. Para saber más sobre los ocho principios para elegir menos y mejor que propone la alianza Eating Better, sigue este enlace: https://www.eating-better.org/uploads/Documents/2018/better_meat_summary_FINAL.pdf
  2. En un artículo publicado recientemente en Restauración Colectiva y nuestra página web veíamos cómo se pueden introducir las legumbres en la alimentación de los niños y en el comedor escolar de forma creativa : http://mensacivica.com/las-legumbres-en-la-alimentacion-infantil-como-incluirlas-en-los-menus-escolares/
  3. Mensa Cívica (2018). ¿Cómo salir de la lógica de precios bajos?: http://mensacivica.com/como-salir-de-la-logica-de-precios-bajos/

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