Oslo: Capital Verde Europea 2019

Oslo: Capital Verde Europea 2019
Oslo: Capital Verde Europea 2019

Este artículo, lejos de ser una guía de viajes, ofrece una visión de cómo Oslo proporciona un modelo a seguir a otras ciudades europeas y promover una mejora ambiental y un desarrollo sostenible.

Recientemente tuve la oportunidad de viajar a Oslo y lo primero que me llamo la atención fue el silencio que reinaba en las calles. Poco eran los automóviles que circulaban y se deslizaban por las calles y rotondas antes de desaparecer en la distancia sin hacer ningún ruido. Nunca había visto tantos coches eléctricos en un barrio, y mucho menos en una ciudad. Y me pregunté si este era uno de los indicadores que habían llevado a Oslo a ganar el premio de Capital Verde Europea 2019.

Este premio es el resultado de una iniciativa tomada por 15 ciudades europeas (Tallin, Helsinki, Riga, Vilna, Berlín, Varsovia, Madrid, Liubliana, Praga, Viena, Kiel, Kotka, Dartford, Tartu y Glasgow), cuya visión se convirtió en un memorando que premia a las ciudades que lideran el camino hacia una vida urbana respetuosa con el medio ambiente. El premio de Capital Verde Europea fue lanzado por la Comisión Europea en 2008.

Para seleccionar al ganador del premio de Capital Verde Europea, un panel de expertos realiza una evaluación técnica de las solicitudes recibidas basada en los siguientes 12 indicadores ambientales: (1) Cambio climático: mitigación y adaptación; (2) Movilidad; (3) Áreas urbanas verdes que incorporan el uso sostenible del suelo; (4) Naturaleza y biodiversidad; (5) Calidad del aire; (6) Calidad del entorno acústico; (7) Gestión y producción de residuos; (8) Gestión del agua; (9) Gestión de aguas residuales; (10) Ecoinnovación y empleo sostenible; (11) Rendimiento energético y (12) Gestión ambiental integrada.

Luego se hace una lista de ciudades candidatas y se pide a cada finalista que presente una estrategia de comunicación fundamentada en relación con los 12 indicadores ambientales y los cambios que se pretenden conseguir en el comportamiento de los ciudadanos. Para 2019, las ciudades preseleccionadas fueron Oslo (Noruega), Lahti (Finlandia), Tallin (Estonia), Gante (Bélgica) y Lisboa (Portugal), la cual será Capital Verde Europea el próximo año 2020.

Oslo, con una población de casi 660,000 habitantes, tiene objetivos climáticos ambiciosos. La ciudad quiere reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero en un 50% para 2020 (en relación a 1990), y en un 95% en 2030. Las encuestas han demostrado que la mayor parte población (75%) apoya tales iniciativas.

Para ello, la ciudad quiere ofrecer un sistema de transporte libre de emisiones y, para ello, está en proceso de transformar sus vehículos. Más del 40% de los autobuses utilizan energía renovable (biocombustibles, hidrógeno y biogás), y se espera que para 2025, el 60% de ellos sean completamente eléctricos. Los tranvías y el metro ya funcionan con energías renovables. Igualmente, la ciudad también está trabajando en una solución renovable para los transbordadores que cruzan el fiordo, los cuales serán completamente eléctricos para 2020.

Verdaderamente son muchos los beneficios que podría destacar de esta ciudad, incluida la excelente calidad de su agua, pero una de las cosas que más ha llamado mi atención es la gran cantidad de espacios públicos abiertos donde las personas pueden caminar, andar en bicicleta, correr, tumbarse o cultivar hortalizas.

Oslo que ya contaba con muchas experiencias de agricultura urbana en todas sus formas ha visto en los últimos años un auge para hacer de la ciudad un espacio más saludable y sostenible para adultos y niños por igual.

Descubrir algunas de sus experiencias, como la de la empresa social y consultora Nabolagshager, fue como un soplo de aire fresco, pues es fundamental que aprovechemos cada centímetro para estar en contacto con la naturaleza y progresemos hacia la sostenibilidad. De hecho, esta empresa ubicada en las instalaciones de la Asociación Nacional de Agricultores – donde puedes encontrar desde colmenas y hortalizas en su azotea al cultivo de hierbas en su sótano – pretender construir puentes entre diversos tipos de agricultura y grupos poblacionales, pues uno de sus objetivos es crear empleo para comunidades locales vulnerables, en particular jóvenes, grupos minoritarios y refugiados.

En definitiva, Oslo es una ciudad que ofrece muchas vías para inspirarse, dejarse sorprender y aprender cómo la agricultura (incluida en las ciudades) juega un papel clave en nuestra salud y bienestar.

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