LA SOJA ES UN SUPERALIMENTO QUE JUSTIFICA LA ELIMINACION DE LA BIODIVERSIDAD DE LAS LEGUMINOSAS?

LA SOJA ES UN SUPERALIMENTO QUE JUSTIFICA LA ELIMINACION DE LA BIODIVERSIDAD DE LAS LEGUMINOSAS?
LA SOJA ES UN SUPERALIMENTO QUE JUSTIFICA LA ELIMINACION DE LA BIODIVERSIDAD DE LAS LEGUMINOSAS?

Llevamos en Europa, un largo tiempo debatiendo la enorme dependencia proteica vegetal de nuestro continente respecto al continente americano. El parlamento europeo ha llegado a establecer sesiones monotemáticas sobre este asunto que es de una extremada relevancia. A la alta dependencia energética europea en materia de combustibles fósiles, como el petróleo o gas, se le une la alta dependencia proteica. Todo indica que Europa nos sentimos amenazados en nuestro desarrrollo respecto al modelo predominante de EEUU y Rusia, en las materias primas. Y si ya era duro el debate del desequilibrio, la problemática de los Gases de Efecto Invernadero (GEI) y el calentamiento climático sobrevenido por estas emisiones, ha introducido nuevos parámetros en la discordia (alimentos superkilométricos). Por esta razón la ascendente dependencia proteica respecto al cultivo de la soja en el continente americano, está siendo debatida a escala europea. Alemania y Hungría nos llamaban hace pocos días a respaldar la producción sojera en Europa. Pero la cuenca mediterránea no puede debatir el problema del deficit proteico en los mismos términos que el húmedo norte de Europa y mucho menos cuando la entrada de Bayer en la alianza sojera puede ir más allá que la fuerte influencia que posee en Argentina y Brasil.

Si además la soja principalmente, es utilizada como proteina base en la alimentación intensiva animal, comprenderemos los llamamientos a unir los debates sobre la dependencia de la soja, con el elevado consumo hiperproteico de alimentos de origen animal provenientes de la ganadería intensiva (carne, leche, huevos). Un tema que incita a una reflexión sobre los parámetros de nuestra nutrición y nuestra golpeada dieta mediterránea. Hablar del conflicto de la soja no es hablar pues de una leguminosa más. Hablar de la soja es tratar de explicarnos como un planta de origen asiático y dificilmente adaptable a la cuenca mediterránea, se haya convertido en una planta superfood americana, estrella de la alimentación y de los medias, que está asociada a las excelencias de una ganadería intensiva granjera que está aniquilando las ganaderías extensivas y de montaña. Una planta que se contrapone de una forma práctica económica con la biodiversidad del resto de las leguminosas y que nos hace entrar en los debates sobre el bienestar animal por sus condicionantes granjeros estabulados. Y que está solidamente unida a los problemas de huella ambiental y climática en la conformación del ciclo alimentario ganadero intensivo (transporte, consumo recursos, desechos y residuos productivos) y que incluso también se posiciona en la alimentación acuícola intensiva unida a la transgenia y clonación de los peces, para aumentar la eficiencia de la alimentación acuícola. Todos estos datos nos llevan a entrar en valoraciones sobre la correlación directa e indirecta de la tecnología alimentaria ganadera y humana actual y la salud pública y ambiental. Algo que no se detiene ni en las propias dietas veganas que la toman en forma de tofu o la ya defenestrada leche de soja, que ha llevado a que la UE haya abolido, mediante sentencia, la palabra “leche de soja”.

Que está sucediendo para que esta superestrella de la nueva alianza Monsanto-Bayer se haya convertido en la madre de todas las batallas? Y que haya tenido que ser intervenida hasta por publicidad engañosa sobre el cancer de mamam por la propia FDA norteamericana (Administración Federal norteamericana de alimentos y medicamentos)? O que haya hecho que el Parlamento de Europa haya resuelto impedir la entrada de Monsanto en la sede del Parlamento europeo?

La producción de soja en España, se realizó en el año 2016 en tan solo 995 Hectáreas, con una producción estimada de 2.869 Tm de producción. Una nimiedad si se le compara con la superficie de otras leguminosas. Y sin embargo no podemos dejar de hablar de ella ya que importamos más de 6 millones de TM de soja en forma de grano o de harina, que se destina principalmente a la alimentación animal y que convierte a España, junto a Holanda y en menor cuantía Francia, en el principal importador europeo de soja por unas potentes industrias de pienso y agroindustriales que elaboran carne barata y otros productos de origen animal con destino a los mercados internos y a la masiva exportación. Este modelo de bajos costes o “LowCost” favorece a la multinacional norteamericana Cargill de cereales grano (maiz OGM) y a la Monsanto-Bayer que controlan la producción de la soja transgénica (OGM) en sus cerca de 100 millones de Hectáreas del continente americano. Una base vegetal proteica que modeliza el sistema alimentario en forma de un modelo lineal que se muestra de una forma aparentemente diversificada, según sean los animales que comen pienso formulado con base proteica sojera (Y que introduce en el mercado español el aceite de soja). Esos modelos, en la potente agroindustria alimentaria mundial, son modelos lineales en cadena con grandes economías de escala. Son modelos de bajo coste, extremadamente simplificados y que no agregan gran valor en los diferentes estadios de la producción. España es el típico país en el que no por mucho aumentar sus producciones cárnicas o de otros alimentos de origen animal, el nivel de riqueza se acentúa. Cuanta mayor es la producción más residuos y otros problemas se acentúan. Si la población española deja que esto suceda, nos podremos encontrar con costes a largo plazo sobre su medio ambiente y sobre su salud,  de elevadas proporciones. Los excesos de antibióticos en los alimentos de origen animal y la concentración de nitritos y nitratos, son las antesalas de grandes daños al medio ambiente y la salud humana, que en España requiere la adopción de medidas enérgicas y urgentes.

Las llamadas deseconomías de estos modelos productivos, son costes económicos de un mundo global que deben ser pagados por toda la humanidad en un ciclo medio o largo. Los costes de la salud pública, salud ambiental, la insostenibilidad alimentaria, la depredación de los recursos naturales y otros costes que no se integran en esos esquemas productivos cortoplacistas, se sumen en un sistema piramidal y jerarquizado de producción. Desde el gran propietario de tierras en EEUU, Argentina, Brasil o Canadá, que produce soja OGM de forma mecanizada y que elimina la profusión de hierbas competidoras de la producción con herbicidas sistémicos como el glifosato aplicado en masa por avionetas (calificado como probablemente cancerígeno por el IARC), la cadena pasa un productor franquiciado de una granja o una industria cárnica y otros trasnportes superkilométricos hasta los lineales de países de todo el mundo. Los animales se sobremedican y no existe una adecuada política de eliminación de los residuos del sistema de producción. Todo ello produce un esquema milmillonario de intereses capaz de poner en jaque a gobiernos, tal como ocurre en Argentina, donde soja y petróleo se equiparan. La soja, maiz y el petróleo son las tress piedras angulares del sistema alimentario actual y no es casualidad que los conservadores que lideran su tenencia, traten de poner en jaque a todo el entramado productivo actual.

  Estadística del Ministerio de Agricultura. MAPAMA. 2016 ESPAÑA
    Superficies  ha Producción tm
LEGUMINOSAS GRANO LEGUMINOSAS GRANO 460.227 647.720
Leguminosas Grano Grupo I  189.117 311.374
 Guisantes secos 155.409 273.954
Garbanzos  33.708 37.420
Leguminosas Grano Grupo II 56.464 71.386
Judias secas 9.355 17.761
Habas secas 47.109 53.625
Habas consumo humano 386 760
Habas consumo animal 46.723 52.865
Leguminosas Grano Grupo III C1340 124.005 148.132
Lentejas 26.427 29.827
Vezas 94.001 114.932
Altramuz  3.577 3.373
Leguminosas Grano Grupo IV C1349 90.641 116.828
Yeros 71.777 92.587
Almortas 551 403
Alhova 53 59
Algarrobas 2.685 2.499
Otras leguninosas grano 15.575 21.280

La relevancia de estos temas, son de tal naturaleza, que ha llegado a forzar a que hablaran sobre estas cuestiones, no solo la UE, sino la FAO y el mismísimo papa de Roma. Este jesuíta de origen argentino (país sojero por excelencia), ha intervenido para comentar la dudosa viabilidad planetaria del actual desarrollo. Sin sentir predisposición religiosa alguna, diré que sus intervenciones en favor de la sostenibilidad, le han convertido en el blanco objetivo de los clanes petroleros de Rusia y EEUU, para quien Dios y sus arcángeles no son otros que la minoría de lobbies que controlan la energía del mundo, el mundo del cereal y de la soja. Las tres excelencias sobre las que se asienta la agroindustria mundial.

LOS PRINCIPIOS DE LA ECONOMIA FLEXIBLE

Varios tratadistas de la economía hemos analizado el ascendente desarrollo industrial de la Europa central y del área del Pacífico, tras la II Guerra Mundial. Polemistas del Instituto Tecnológico de Massachussets ya analizaron en la década de los años 8o el nacimiento de un nuevo ciclo económico en la historia de la humanidad. Y justificaron porque los perdedores del ayer (Alemania, Holanda, Austria, Italia, Japón-Shangái y Corea del Sur) comenzaban a establecer un nuevo liderazgo triunfador en su modelo de economía industrial, base de la economía real. El surgimiento del euro y el declinar del dólar, la implosión del viejo imperio colonial ruso y el ascenso del conservadurismo norteamericano, no son más que manifestaciones de esa realidad que Piorée y Sabel dibujaron como segunda ruptura industrial. Otros autores lo han ido definiendo como tercera revolución industrial, al objeto de diferenciarla del nacimiento de la I Revolución industrial y el posterior modelo keynesiano-taylorista, de las grandes economías de escala tras la crisis del 29. El libro del mejicano Manuel Cazadero es un libro que permite reflexionar sobre este asunto.

Se ha abierto pues la carrera de los relevos y es importante estudiar bien los retos, para que podamos asumir un liderazgo del cambio, sin traumas, en este cambio de rumbo. Un cambio aparentemente sorpresivo, pero que tiene que ver con la economía flexible que permite agregar valores, e integrarlos en el precio, permitiendo una estrategia win-win (Tu ganas yo gano) entre los agentes productivos y los consumidores responsables y formados.  La situación material e ideológica actual, es de tal deriva, que o jugamos un papel decisorio en esta crisis mundial, con una ingeniería muy ajustada, o la destrucción masiva posible, puede que no sea fruto del azar, tal como advertían los profesores Piorée y Sabel del MITI, intuyendo la crisis financiera que ha sobevenido por la pérdida de la tasa de beneficio de las grandes economías de escala. Las cartas ya están muy marcadas y este artículo se centra en una alternativa destinada a encontrar una solución efectiva en el campo de la proteína como principio de lo que se debe entender como fundamento de la producción agraria flexible, asociada a los principios integradores de la III Revolución industrial. Al igual que hemos visto crecer la diversificación energética como fuente alternativa a los problemas de la energía, y a la economía del hidrógeno como nueva tecnología de su acumulación, las legumbres son el perfecto simbolismo alternativo a lo que parece ser la propuesta fatalista de la soja como única fuente de proteína en un modelo lineal productivo. Quedará por analizar el factor precio y la trampa de los costes bajos. Pero la agroecología y la salud, entendidas como ciencia, ya nos han informado suficientemente de los ciclos largos de las producciones agrarias en nuestro planeta y cuales son los mecanismos de respuesta de los ecosistemas y de adaptación, sobre los que se debe asentar la vida humana. Y el peligro que supone para la vida de las civilizaciones no tener en cuenta estos mecanismos.

LA PROTEÍNA EN LA ALIMENTACIÓN

En el estudio sistemático de la ciencia de los alimentos, la nutrigenómica, la dietética y la nutrición, la proteína es uno de los aspectos más estudiados de la alimentación humana y animal. Baste decir en este artículo que son moléculas compuestas por cadenas de aminoácidos, que juegan un gran papel en el desarrrollo de nuestra inteligencia, regeneración de tejidos, anticuerpos, defensas, disruptores endocrinos, agentes metabólicos y enzimáticos. Algunas son sintetizadas por el hígado, a partir de nuestra secuencia genética y otras deben ser aportadas en nuestra alimentación. Al igual que el mundo del ADN y el genoma, los aminoácidos son mundos que comenzaron a ser estudiados por la bioquímica a partir del siglo XX. Pese a los espectaculares avances, aun carecemos de conocimientos exhaustivos sobre el tema. El mundo de los priones y relación del genoma con el medio, por ejemplo, son dos cauísticas demasiado recientes como para sacar conclusiones firmes sobre cualquier extremo, que inicialmente hayamos podido aseverar como válido. Hay nueve aminoácidos esenciales que deben ser aportados en nuestra alimentación, porque no podemos sintetizarlos y han corrido todo tipo de falsedades sobre las bondades o maldades de tal o cual proteína, y tal o cual alimento proteico. Baste con saber que en los países desarrollados se ha generado una alimentación hiperproteica y que hay estudios muy volcados hacia un extremo u otro, una fuente proteica u otra, según sean las fuentes financieras de los estudios e investigaciones realizadas. Tal es el caso del cultivo de la soja.

Con la llegada de los europeos al continente americano, la ganadería fue extendiénsose más allá de la vida del nomadeo o de los cazadores recolectores venidos de Asia. En América central y sudamérica se encontró un deficir proteico de origen animal. No era el caso del mundo vegetal con gran presencia de frijoles y otras plantas menos conocidos en nuestra cultura. Comenzaba en el Norte de América una carrera para la proliferación de una dieta proteica basada en una ganadería intensiva, al estilo granjero de la europa nórdica. Un modelo que se ha ido extendiendo conforme se desarrollaban las ciudades y decrecía la presencia de un campesinado multifuncional en el mundo rural. Hoy no se puede hablar de la soja, una planta de origen asiático, si no hablamos de su producción en el continente americano. En el estudio que realizamos en el año 2016, año internacional de las legumbres, ya mostramos las alteraciones que se habían producido desde los años 60 a esta parte, en la cabaña ganadera de España y como se corelacionaba este cambio con el incremento de la superficie sembrada de soja en América.

La ganadería extensiva y el pastoreo habían cedido el paso a una producción granjera integrada, dependiente de los piensos compuestos con base en maiz y soja importada de América. La eficiencia productiva resuelta de la mano de la soja y el maiz OGM en América, ha desplazado los costes de produccción y los hábitos nutricionales en favor de una producción proteica de origen ganadero intensivista.  Como consecuencia de la dependencia exterior, también cabe destacar la pérdida de la producción legumbrista en España, que pasó a ser una cuarta parte de lo que era en los años 60 y que también se ha hecho dependiente de país norteamericanos (Canadá, México, entre otros).

EL RETO ACTUAL

Pasar de un estadio diversificado, con la mitad de la población en el mundo rural, en los años 50, a otro estadio urbano con una población activa agraria inferior al 5%, ha sido un proceso que ha durado más de medio siglo. Ello ha originado que una población actva agraria sumamente reducida ha debido proporcionar a la mayoría de la población urbana una alimentación suficiente. Resltado de todo ello es que se ha asegurado una alimentación a precios adecuados pero se han introducido unas nuevas problemáticas en relación a la salud y al medio ambiente. La mecanización agraria y la presencia de insumos procedentes del sector químico y energético ha originado unos cambios que han mostrado una ambivalencia dificil de solucionar. Uno de los campos de esa ambivalencia es el de la producción de proteína que tradicionalmente se obtenía del cultivo de las legumbres, la ganadería extensiva y la pesca.

La producción de legumbres favorecía las prácticas tradicionales que utilizaban más materia orgánica y estas plantas fijadoras de nitrógeno y con propiedades mejorantes para el suelo y su vida. La decadencia de las fuentes tradicionales proteicas de España, nos muestra una dificil resiliencia o capacidad de restituir un sistema productivo a un estadio anterior. En todo caso los procesos de recuperación se hacen difíciles con los actuales costes productivos y los sistemas de producción determinados. Solo la agregación de valores medioambientales y valores relacionados con la salud y una adecuada alimentación podrían restituir una parte del camino perdido. La Mensa Cívica debe retarse a demostrar, junto a otros especialistas como los dietistas-nutricionistas y otros profesionales de la agronomía, de la salud y del medio ambiente, que es conveniente introducir una adecuada corrección al actual estadio productivo de la base proteica en la alimentación española. Desde el punto de vista de la soberanía alimentaria y de la propia seguridad de nuestro sistema alimentario, la cuestión es clara. Tenemos una dependencia excesiva de la base proteica que puede ocasionar en España y Europa, unos momentos críticos si se alteran las reglas del comercio libre internacional. Las dudas de que tal coyuntura pudiera darse, son razonables ante los últimos repliegues nacionales. La prudencia aconseja aumentar el nivel de nuestra propia capacidad de autoabastecimiento. La ganadería que aprovecha los recursos extensivos y de montaña es necesario volverla a tomar en consideración. La pesca sostenible con equilibrio dentro de los ecosistemas marinos que la generan, se hace necesaria. La alimentación animal con mayor autonomía alimentaria parece más que conveniente. Y volver a incentivar una base proteica legumbrista propia es necesaria para aumentar la biodiversidad y la sostenibilidad de los sistemas agrarios españoles.

El cambio climático, la reducción de abonos nitrogenados asociados a las leguminosas tradicionales de  España e incluso la necesidad de estudiar los efectos beneficiosos que pueden producir una base legumbrista propia y biodiversa, es una cuestión que el sistema alimentario de España y el mediterráneo debe afrontar. El programa PRIMA que se inicia en el año 2018 debe afrontar el reto de la respuesta de la cuenca mediterránea al problema estratégico de una menor dependencia proteica del exterior y un mayor volcado de su alimentación en favor de una dieta más vegetal, consonante con la tradicional dieta mediterránea. Estudiar los efectos beneficiosos que puede tener para el medio ambiente, la mitigación del cambio climático y la salud humana, la promoción de una producción legumbrista y un consumo de la misma, se hace necesario. Y para ello debemos también innovar en la introducción de nuevos hábitos alimentarios entre las edades infantojuveniles. El consumo de germinados de alfalfa y otras leguminosas, legumbres extrusionadas o ahumadas como snacks, y una cocina innovadora pueden ayudar al consumo. Desde el mediterráneo, y sabiendo que la soja no es una fuente proteica universal, debemos estimular una diversidad legumbrista que puede ser muy sana y ayudar a una agricultura más sostenible en la cuenca mediterránea. Como dice el cartel de la biodiversidad legumbrista de las zonas áridas mediterráneas, reconocemos en la soja su fortaleza, pero todas las especies y variedades legumbristas adaptadas a la cuenca mediterránea, son más fuertes que ella. No sólo en el plano de la salud y mejora del medio ambiente, sino en las propiedades que confieren a los suelos. El reto de conocer nuestro entorno e investigarlo. Conocer las interacciones de las legumbres en nuestro cuerpo y nuestra salud. Ayudar a los productores a rehacer su pasado legumbrista. Mejorar la alimentación animal con nuestra propia base proteica diversificada. Tales son los retos que nos deben ocupar en los próximos años.

 

 

 

 

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