La alta dependencia proteica de Europa

La alta dependencia proteica de Europa
La alta dependencia proteica de Europa

No cabe duda que Europa como espacio civilizatorio, político y económico tiene serios handicaps para su contrucción. Pero no encararlos y quedarse de brazos cruzados, es peor que no actuar. Las dependencias europeas acerca del mundo de la seda y las especias, fueron el motor medieval que apuntó a la construcción de nuevos espacios de la llamada era colonial, que incorporó el mundo del cacao, té, café, azúcar, grasas vegetales y ciertas frutas. Hay quienes se rasgan las vestiduras, tratando de criticar aquel mundo a la luz de nuestros conocimientos actuales. Pero yo siempre he considerado que revisar la historia requiere tener una cierta óptica de la época y que  Europa es un espacio vitalmente débil, por mucho que se trate de aparentar lo contrario, al lado de otros espacios mundiales de la agricultura. Francia y Rumanía son países con una gran agricultura, otros como Italia, España y otros países ribereños del mediterráneo, tienen una agricultura más especializada y otros nórdicos como Inglaterra, Irlanda, Alemania, Dinamarca, … son más deficitarios. La creación del espacio europeo agrario es un pilar nada desdeñable. Y como abordamos en la Conferencia sobre alimentación sostenible con la UE en el año 2012, los retos de hoy son retos añadidos a los que se plantearon en la construcción de la UE.

Desde la antiguedad griega con el poderoso imperio persa, la potencia del mundo de Cartago (heredero del espíritu comercial fenicio), el imperio otomano de los guerreros selyúcidas y el posterior imperio de Saladino, por no hablar del impresionante imperio guerrero de las hordas asiáticas (campamentos móviles de los cazadores nómadas mongoles que se detuvieron en su avance a Europa gracias al juego de las tabas de los chamanes), Europa ha tratado de reaccionar tarde y de forma violenta, para hacer frente a sus altas cotas de dependencia y hostigamiento exterior. Los viejos imperios europeos de España, Portugal, Inglaterra y Rusia son explosiones construidas a golpe de ocupaciones manu militari y sometimiento esclavista, promovidas por el hostigamiento y su propia debilidad. Algo que ha terminado configurando su actual acervo alimentario y leyendas pérfidas. El caso es que Europa sigue comiendo en la actual era de la mercantilización global, con una alta dependencia exterior y un modelo que nos debemos cuestionar a la luz de las políticas de innovación, cohesión social, sostenibilidad y también aspectos culturales. Europa tiene una alta dependencia del petróleo y de otros insumos que son utilizados por nuestra civilización industrial y esto mismo le sucede a Japón y al Norte de Asia. (Corea, Manchu kuo).

Las revoluciones industrialesSi en el plano de los cereales e hidratos de carbono, Europa puede llegar a equilibrar su producción y su consumo con adecuados modelos alimentarios, no pasa lo mismo con las fuentes proteicas, en la que Europa es sumamente dependiente del continente americano. El reciente giro de EEUU en favor de una autarquía defensiva ante el declinar de su industria, fue ya explicado en los sesudos y abiertos estudios en los finales de la década de los 80. El Instituto Tecnológico de Massachussets y sus profesores Piorée y Sabel, en su conocido libro la Segunda Ruptura Industrial, llegaron a diseñar lo que se ha dado en llamar la tercera revolución industrial, asociada al declinar de la economía clásica americana. Un estudio pagado por varias fundaciones de EEUU, abordó el porque el gigante americano de la alta inversión en I+D+i y las grandes economías de escala, perdía ritmo frente a la emergencia de las potencias perdedoras de la segunda guerra mundial. Las bases antropológicas, culturales, científicas y tecnológicas de tal proceso se han podido estudiar con mayor profundidad en posteriores libros como el del mejicano Manuel Cazadero llamado “las revoluciones industriales”. Una lectura de los mismos aclara muchas de las causas del actual abatimiento mundial generado por la economía americana y el ascenso de la época especulativa financiera actual, que la ha descabalgado de la economía real, ante la caída de la tasa de beneficio de las inversiones en el sector productivo industrial. Si no gusta de leer estos libros, le aconsejo que vea la película Pretty Woman y que analice el mensaje simbólico moralizante de Julia Roberts a los especuladores bursátiles que estaban devorando el tejido industrial de los armadores de Boston (origen epicéntrico de la propia independencia de los EEUU). Todo un mensaje que hace de la gran prostituta roja bíblica el símbolo femenino salvífico del Apocalipsis americano, estrechamente unido a la pérdida de competitividad y de valores de la capacidad industrial de EEUU.

El nacimiento del euro en los años 2000 y las actuales controversias de las relaciones de Europa con las dos grandes potencias militares que le rodean (Rusia y EEUU), está resituando el hostigamiento a Europa en el flanco que más débil es. Su incapacidad política actual de aunar fuerzas desde el lado democrático y la fuerte dependencia de Europa respecto a las materias primas. El Brexit, catexit y otros movimientos desintegradores de Europa tratan de minar las bases de la llamada fortaleza europea y de sus valores civilizatorios comunes. El ascenso populista es consecuencia de esa agitación y malestar social que tienen su base, no sólo en los fenómenos conspirativos desintegradores, sino sobre todo en la incapacidad de refundar Europa sobre bases democráticas más sólidas. Los estados y sus gobiernos no pueden refundar Europa desde el lado burocrático. Y los valores como la cohesión social y medioambiental están ciertamente dañados por la incapacidad europea de generar alianzas en la sociedad civil, que desborden los  estados nación, en torno a objetivos comunes integradores. La renacionalización de las ayudas o estrategias que no apoyen la integración y colaboración de la sociedad civil, socava todo intento de refundar Europa desde el lado de la eurocracia o del Consejo deEuropa, formado por los gobiernos de los estados nación de la revolución francesa. Ni siquiera las transnacionales europeas logran motivar un sentimiento europeísta. Todo lo contrario, tras ello se ve un intento en línea meramente mercantil del asunto. Un punto de vista, ajeno incluso, al sentido de la economía social, a los fundamentos ambientales o la simple Responsabilidad Social Corporativa de muchas empresas.

En este contexto, llevamos unos años debatiendo y tratando de abordar la alta dependencia proteica de Europa y sus posibles soluciones. A nadie se le escapa que el Pentágono estimuló la soja transgénica de Monsanto y el uso masivo del glifosato, como un enorme poder para hacer de los 100 millones de Hectáreas de soja americana la fuente de Manao de una ganadería intensiva y un uso masivo de subproductos de grasas vegetales que no tienen nada que ver con las de origen europeo (Oliva, girasol, colza). El aceite de soja es un subproducto que busca rentabilizar la producción de harina de soja. A mí me parece un disparate el uso europeo de aceites de palma y soja en manos de grandes grupos petroleros e industriales, ajenos a la UE. Y me parece muy revelador que la Comisión Europea acepte el lobbie e insista en el hecho de fomentar el “aceite de palma sostenible”, por el hecho de que se le otorguen ciertas ventajas en su aplicación y precio, en el plano de las texturas alimentarias de la industria de bollería y del chocolate. Los alimentos son ante todo fuente de salud y las texturas deben ser objeto de innovación que no actúen en contra de la salud humana y el medio ambiente. Tampoco me parece razonable el apoyo al aceite de soja por el hecho de Bayer haya asumido un intercambo de accionariado con Monsanto por su elevada presencia en países como Brasil, Uruguay o Argentina. Esto lo afirmo ante los viajes milkilométricos y porque la humanidad progresiva se ha cuestionado el problema planteado del uso masivo de cereal grano y de proteína grano para soportar una masificación ganadera animal. Un sistema que encubre muchos costes ocultos en los planos sociales y ambientales, así como el del maltrato animal y descenso de la biodiversidad ganadera y agraria.

La demanda de legumbres está aumentando en los países emergentes. A la luz de estos aspectos debemos analizar el hecho de que la Comisión de la Unión Europea, desee plantear en octubre o noviembre, un plan para fomentar los cultivos proteicos en la UE –leguminosas, proteaginosas, oleaginosas- con el fin de reducir la fuerte dependencia comunitaria de los productos importados para alimentación animal, en particular de soja. En primer lugar queremos plantear, ante el cambio climático y nuestra propia cultura alimentaria, que esta cuestión no puede ir desligada de la diversidad cultural europea y a la adopción de una política proteica diversificada y su ligazón con la política medioambiental y agraria productiva europea. Ahora que Europa ha aprobado el CETA con Canadá, podemos vernos tentados en comprar legumbres de Canadá por una adecuada política legumbrista que ha llevado a la fama a personas de la provincia de Saskatchewan (90% de la producción nacional), como Murad al Katib. Esta persona de origen turco llevaba las lentejas en su ADN cultural y ha hecho de las legumbres un conjunto de buenas prácticas, que propagó en la húmeda Canadá. Lo más ilusionante de su política no está en el éxito comercial que tiene en un conjunto de países de Oriente, sino en que muestra que la innovación y la cultura empujan en la dirección de una diversificación proteica. Y que para obtener una adecuada política agrícola y una política alimentaria acompasada, debemos partir de las propias raíces culturales y de prácticas diversificadas que empujen en una dirección variopinta de obtención de fuentes proteicas. En España la cultura nos enseña en que ha sido la ganadería de montaña, el pastoreo extensivo de la trashumancia, las legumbres y la pesca, las fuentes proteicas tradicionales. Y que la tradición mediterránea coloca a estos productos en una adecuada escala que debemos saber administrar con respeto a los principios de innovación, cohesión social y ambiental.

Lo que no está claro es que debamos orientar la solución de la dependencia proteica como un continuismo de las actuales políticas mercantiles americanas que traducen alimentos por commodities financieras al estilo de la cerealista Cargill y una orientación proteica animal en nuestra alimentación. Muchos sectores de Europa reclaman una menor dependencia de nuestra capacidad nutricional y dietética respecto al mundo animal, por la ecoeficiencia de aprovisionamiento a una población crecient . SlowMeat, los lunes sin carne y otros movimientos mundiales, reclaman poner fin al poderoso clan de la industria cárnica y animal del Norte de Europa y de América, que empuja incluso, por los desechos y purines, a que las aves y cerdos se produzcan en países semiáridos. Debemos reclamar dietas más vegetales acompañadas de alguna ingesta de proteína de origen animal, que integren aspectos de aprovechamiento de los recuros naturales. No se trata de convertirnos en veganos, aunque podamos entender esta disposición cultural. Pero sí de mantener una política selectiva y diversificadora en la respuesta europea ante este desafio.

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Deforestación amazónica para producción de soja transgénica

Este asunto podría abordarse en la próxima reunión del Consejo de Ministros de Agricultura de la UE. Además, el Parlamento Europeo prepara un informe al respecto y también las organizaciones agrarias comunitarias han dado a conocer sus sugerencias y peticiones. De cara a la presentación de sus propuestas, Bruselas tiene intención de hacer una serie de consultas en el primer semestre de este año. Nada nuevo que no se haya planteado antes en algunos debates anteriores. Algunos países (un total de catorce, entre los que se encuentran Alemania, Francia, Italia y Grecia) firmaron en julio del año pasado una “Declaración europea sobre la soja” para fomentar la producción de soja no transgénica en la UE. Ponen de manifiesto que, en la actualidad, de los 31,2 millones de toneladas de alimentos a base de soja ricos en proteínas que se utilizan para la alimentación animal en la UE, sólo 1,5 millones se obtienen a partir de soja producida en territorio comunitario. Pero no ponen en evidencia que Europa ha homogeneizado sus fuentes de proteína, siguiendo pautas americanas que NO INTEGRAN ASPECTOS MEDIOAMBIENTALES NI DE RESPETO A LOS RECURSOS NATURALES PLANETARIOS. No se puede mantener un diálogo equitativo con quien se jacta del incumplimiento respecto a los compromisos de huella climática y ambiental.

En el Parlamento Europeo, el informe que prepara su Comisión de Agricultura defiende, entre otras cosas, que la próxima PAC incluya una ayuda directa para compensar por los beneficios medioambientales que aportan los cultivos proteicos. Por su parte, las organizaciones agrarias comunitarias proponen que se fomente la investigación para mejorar los rendimientos de la soja, los guisantes, las habas, los altramuces dulces y la alfalfa así como para mejorar la utilización de las tortas de colza y girasol. No nos parece, sin embargo relevante la recñlamación de que la futura PAC vuelva a autorizar el uso de determinados productos fitosanitarios en los cultivos fijadores de nitrógeno declarados como superficies de interés ecológico. Esos mismos lobbies nórdicos europeos reclaman la incorporación de fuentes de energía renovables en el sector del transporte, incluyendo los biocarburantes, poniendo de manifiesto que la molturación de colza para la producción de biodiésel en Europa, proporciona más de 12 millones de toneladas de tortas, lo que ha supuesto una reducción de las importaciones en la UE desde 2010.

Sin embargo España, que tiene un volumen adecuado de energías alternativas instaladas y poca capacidad de generar biomasa, puede apostar por la utilización de otras fuentes como el hidrógeno. Puede incentivar el consumo de las legumbres tradicionales del mediterráneo. Puede estimular la producción de alimentos altamente proteicos en las estepas semiáridas. Puede promover el rescate de ganaderías extensivas de montaña y de transtermitancia. Debe promover formas de pesca litoral sostenible. La Península ibérica no debe copiar modelos que sobrevienen de otras culturas y prácticas ganaderas. No debe permitir que sea el vertedero de los desechos de una ganadería masificada altamente contaminante y medicada. Debe promover unas grasas vegetales propias de alta calidad ambiental, social y de salud. Esos criterios son los nuestros. No los de los demás. Y son los que deben sustentar que en España, haya unas cocinas dispuestas a satisfacer las exigencias de unos turistas que deben entender que España es un paraíso de biodiversidad y culturas que deben saber pagar y proteger, por encima del Low Cost que imponen los tour operadores. En definitiva un sistema integrador alimentario, que haga buen aquella frase que dice Carlo Petrini, afirmando que más vale que viajen las personas, que no los alimentos.

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