¡Estamos ordeñando el planeta como si no hubiera un mañana!

¡Estamos ordeñando el planeta como si no hubiera un mañana!
¡Estamos ordeñando el planeta como si no hubiera un mañana!

Las dietas poco saludables están cada vez más relacionadas con el cambio climático y el colapso de la naturaleza. En el Día de la Tierra, reflexionamos sobre cómo los menús más saludables en las escuelas y los espacios públicos pueden ayudar a Europa a afrontar estos desafíos.

 

El viernes 22 de abril es el Día de la Tierra, un día tan bueno como cualquier otro para contemplar nuestro glorioso y finito hogar. Este Día también marca aproximadamente la fecha en la que la humanidad habría agotado los recursos planetarios para el año si todos vivieran sus vidas como los europeos.

¡El buffet con todo incluido de la naturaleza ha durado apenas cinco meses! Hasta principios de la década de 1970, nuestro planeta podía proporcionar más de lo que demandaba la humanidad. Desde entonces, las tasas de consumo han aumentado y ahora superan con creces la tasa de renovación de la Tierra.

El tipo de alimentos que comemos contribuye a este enorme exceso. WWF, en uno de sus informes de 2019, indico que el uso de productos forestales, pastos y tierras de cultivo en la UE representa el 34 por ciento de su huella ecológica total. De manera similar, el último informe del IPCC advirtió que los alimentos contribuyen más de un tercio de las emisiones globales de gases de efecto invernadero y son responsables del 80 por ciento de la deforestación tropical.

Por lo tanto, cambiar nuestras dietas y apoyar una mejor agricultura es una de las formas más sencillas de abordar el colapso climático y restaurar la naturaleza. Los gobiernos deben usar su poder para hacer que los alimentos saludables y sostenibles estén más disponibles y sean asequibles, porque simplemente educar a las personas sobre cómo cambiar las dietas no funcionará, advirtió el informe del IPCC.

El mayor problema es la cantidad de carne y productos lácteos que consumimos. El consumo de carne en Europa es el doble del promedio mundial y tres veces el promedio mundial de consumo de lácteos. En la UE, casi dos tercios de la cosecha de cereales se destina a la alimentación animal, solo un tercio se utiliza para el consumo humano y el 3 por ciento se utiliza para biocombustibles. Además, el sector ganadero de Europa depende en gran medida de las importaciones de piensos de países como Brasil. Esta producción de alimentos impulsa la deforestación, la pérdida de biodiversidad, la contaminación, el uso de pesticidas y agua y ocupa tierras de cultivo que podrían usarse mejor para producir alimentos a base de plantas para los humanos.

Los científicos de la Comisión EAT-Lancet han propuesto recientemente objetivos para dietas saludables y sistemas alimentarios sostenibles que protejan el planeta. Destacan que es posible alimentar a una población en crecimiento sin dañar el planeta, pero solo a través de una transformación global sin precedentes del sistema alimentario. Esto incluye una reducción significativa de los alimentos de origen animal en las regiones donde se consumen en exceso, como en Europa.

Contrariamente a la doctrina de intensificación agrícola, es necesario reducir el impacto de la agricultura en la naturaleza. Un sistema alimentario resiliente se basa en alimentos de temporada, de origen local, ecológicos y de producción a pequeña escala centrados en el consumo humano.

Si cada uno de nosotros consumiera una dieta más rica en frutas, verduras, cereales integrales, proteínas de origen vegetal, como las legumbres, frutos secos y semillas, sería más saludable para nosotros y el planeta. Sin embargo, en realidad, tenemos comparativamente poco control sobre nuestras elecciones de alimentos. La mayor responsabilidad para cambiar nuestro entorno alimentario, es decir, la forma en que accedemos e interactuamos con los alimentos e informamos nuestras elecciones de alimentos, recae en el gobierno y el sector minorista.

Las políticas alimentarias públicas y la compra y contratación pública de alimentos para las comidas escolares y otros comedores públicos pueden incentivar y apoyar dietas más saludables, incluidos menús ecológicos y con menos pero mejor carne. De hecho, cada centimo gastado en compras públicas de alimentos es una inversión para el tejido social urbano y rural y aumentará la equidad social y la resiliencia, apoyando la lucha contra el hambre en el mundo.

Manténgase involucrado y sea parte de la transformación de los sistemas alimentarios y agrícolas en Europa: Únase a la campaña Compre Mejores Alimentos (o Buy Better Food, por sus siglas en inglés).

* Este artículo ha sido escrito por Saskia Richartz (Meine Landwirtschaft, Alemania) y Ruth Westcott (Sustain, Reino Unido), dos entidades socias de la Campaña Compre Mejores Alimentos. El artículo original (en inglés) puede leerse en este enlace

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