El papel de la producción de pequeña escala en una dieta sostenible

El papel de la producción de pequeña escala en una dieta sostenible
El papel de la producción de pequeña escala en una dieta sostenible

Un cambio en nuestra dieta contribuiría a garantizar una alimentación más sostenible. Es uno de los mensajes que nos llega por parte de científicos de todo el mundo a través del reciente informe del Panel Intergubernamental por el Cambio Climático (ver aquí), o del informe publicado por la comisión EAT-Lancet que propone una dieta para la salud de las personas y el planeta (ver aquí). En general, el cambio de dieta implicaría un descenso en el consumo de carne en lugares como Estados Unidos o países europeos, hecho que ha dado lugar a numerosos titulares en las últimas semanas.

 

Es este contexto es dónde aparece un “elefante en la habitación” y surge una gran pregunta: ¿De dónde vienen los alimentos necesarios para componer una dieta sostenible? Responder a esta pregunta es esencial para aplicar las directrices internacionales a escala nacional o local, dónde la composición de una dieta sostenible debe también incorporar una reflexión crítica sobre la procedencia de los alimentos en nuestros menús. Y es que más allá de las directrices generales, el cambio de dieta necesario dependerá del contexto local. Responder a esta pregunta no es tarea fácil, ya que probablemente ningún sistema por si mismo garantice la sostenibilidad. Pero responderla puede conducirnos a un viaje apasionante, que nos permita entender la diversidad de culturas, de gentes, y de ecosistemas que producen nuestros alimentos.

 

La procedencia de los alimentos puede así clasificarse de muchas formas. Por ejemplo, podemos hablar de alimentos de proximidad o Km “0”,  haciendo referencia a la distancia entre la producción y el consumo de alimentos; y también de producción a gran escala (o industrial) y producción de pequeña escala, haciendo referencia a las diversas formas de producción. Podríamos escribir extensamente sobre estos conceptos, así como añadir más criterios para definir la procedencia de los alimentos. En este artículo me voy a permitir hacer una breve reflexión sobre la producción de alimentos de “pequeña escala”. Dejo a un lado la distancia entre producción y consumo, pero teniendo en cuenta que las producciones de pequeña escala se encuentran en todo el mundo y suministran alimentos tanto para consumo local y nacional como internacional.

 

La agricultura, pesca y ganadería de pequeña escala no se definen únicamente en función del tamaño o la cantidad producida, aunque es uno de los criterios más utilizados. Por ejemplo, la Política Pesquera Común de la Unión Europea define pesca de pequeña escala como aquella cuyas embarcaciones tienen menos de 12 metros de eslora (excluyendo la pesca de arrastre). También se suele considerar agricultura de pequeña escala (no industrial) a aquella cuya extensión es menor a 5 hectáreas. Lo cierto es que no existe una definición estándar para las producciones de pequeña escala, y sus dimensiones variarán según el contexto.

 

Aún así, las producciones de pequeña escala tienen características comunes. Son producciones que en general emplean a un menor número de personas por entidad económica y en muchos casos de carácter familiar; con una gran importancia económica, cultural y para la seguridad alimentaria de millones de personas; y un estrecho vínculo con la vida rural. Es un tipo de producción que se enfrenta a grandes dificultades. Y es que, entre otras cosas, no es fácil hacer frente a una demanda de alimentos que a menudo exige el suministro de grandes volúmenes de productos “homogéneos” de forma constante a lo largo del año (y a precio reducido). Exigencias que son difíciles de atender por producciones de pequeña escala aisladas, lo cual confiere una gran ventaja a las toneladas de ese pescado blanco llamado panga (Pangasius hypophtalmus) que se importan desde países como Vietnam, o a los grandes volúmenes de carne alimentados gracias a monocultivos de soja. Estas toneladas de alimentos de producción industrial compiten con la producción de pequeña escala, muchas veces sin que nos demos cuenta.

 

Existe un gran debate sobre la sostenibilidad de las producciones de pequeña escala, en el cual algunos defienden la eficiencia y supremacía de las producciones industriales como alternativa más sostenible frente a las producciones de pequeña escala. Pero nos enfrentamos a una realidad dónde la pequeña escala representa una parte importante de la producción de alimentos a escala global. Pongamos algunos números sobre la mesa, aunque siempre estén sujetos a las variables utilizadas en cada estudio. La agricultura de pequeña escala podría representar hasta la cuarta parte del área agrícola utilizada en la Unión Europea, siendo mayor en países como España (Guiomar et al. 2018); y en el mundo, en torno al 20% del área agrícola está utilizada por explotaciones de menos de 5 hectáreas, que constituyen más del 90% de las explotaciones agrarias (Lowder et al. 2016). Más de la mitad de las calorías globales proceden de la agricultura de pequeña escala en América Latina, Asia y África, incluyendo más del 40% de la producción de cultivos clave como arroz o azúcar (Samberg et al. 2016). La cuarta parte de los desembarcos de pescado en el mundo procede de pesca de pequeña escala (Cashion et al. 2018), cantidad que aumenta si consideramos únicamente el volumen de pescado que se destina a consumo directo humano. La pesca de pequeña escala es especialmente importante en algunos lugares, por ejemplo, en el Mar Mediterráneo y el Mar Negro el 84% de las embarcaciones son de pequeña escala (según datos de la Comisión Europea). Además, detrás de los números a escala global, sabemos que estas producciones contribuyen a economías locales de todo el mundo, dando empleo a millones de personas, algo que es difícil cuantificar con exactitud.

 

Por tanto, la importancia mundial de la producción de pequeña escala no puede pasar desapercibida en los debates sobre la sostenibilidad de los alimentos. Estos sistemas de producción se enfrentan a grandes retos, que incluyen tanto la necesidad de innovaciones para avanzar hacia su sostenibilidad (ecológica, económica y social), como la necesidad de preservar la cultura y los ecosistemas que les caracterizan. Avanzar en este camino requiere compromisos políticos y sociales desde la producción de alimentos hasta su consumo,y para alcanzarlos debemos reconocer su papel en un sistema de alimentación sostenible.

 

En muchos lugares el cambio de dieta es un paso necesario para la sostenibilidad, pero avanzar hacia la sostenibilidad en los sistemas de alimentación es un camino mucho más complejo que requiere múltiples acciones a todos los niveles; acciones que lleva recalcando Mensa Cívica en varios artículos en las últimas semanas. Aquí proponemos una exigencia más. La dieta sostenible debe incluir una reflexión profunda sobre la procedencia de los alimentos. Si promovemos que esa dieta incluya alimentos procedentes de pequeños agricultores, ganaderos y pescadores, debemos pensar en estrategias que fortalezcan los vínculos entre productores y los distintos actores de la cadena de suministro de alimentos, entendiendo las características de cada sistema de producción. Eso sí, quiero resaltar que esto probablemente implique que “la dieta sostenible” se materialice en menús diversos y variables, adaptados a cada contexto ecológico y cultural.

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