EL GLIFOSATO Y EL HUMILLANTE PAPEL DE ESPAÑA

EL GLIFOSATO Y EL HUMILLANTE PAPEL DE ESPAÑA
EL GLIFOSATO Y EL HUMILLANTE PAPEL DE ESPAÑA

Desde que yo me iniciara en los estudios de Ingeniero Agrónomo en la Valencia de los años 68, muchas y variadas historias me han llevado a apartarme de algunos de los principales enfoques de la cultura  alimentaria de los Estados Unidos de América para el mundo. Si en los años 68 me definí a favor del aceite de oliva, frente a los aceites de semillas de la época, en los años 2000 me asociaría a SlowFood y me opondría al actual aceite petrolero de palma. Yo no tengo un odio intrínseco a  esa gran nación que tomara el rumbo de la independencia respecto a la Europa medioeval, con mis queridos bostonianos a la cabeza. Tampoco porque odie su espíritu emprendedor y de constructor de la gran civilización urbana del mundo moderno actual. Ni tampoco porque odie a todos los estadistas y líderes norteamericanos, a alguno de los cuales les he dedicado algunas horas de mis estudios. El problema de Estados Unidos es que, como decía el dirigente empresarial japonés Matsushita, ha tenido grandes hombres y grandes pensadores y posiblemente es el lugar donde menos se les hace caso.

Entre mis libros de cabecera están los del antropólogo Marvin Harris, los profesores del MIT Piorée y Sabel, leo algunos artículos de Investigación y Ciencia, me encanta el periodista Michaell Pollan, profundicé la cuestión sanitaria con el físico californiano Fritjof Capra y se entretenerme con algunas películas de su industria del cine. Todos los imperios han tenido grandes pensadores y su apogeo les lleva a enterrar y ahogar a sus grandes personajes, hasta llevar a las civilizaciones a  su decadencia. Tal cosa sucedió en España, a nuestra vecina Portugal y al imperio inglés cuyo fin fuera declarado por el exministro laborista británico Sir Jhon Strachey en 1959. Esos tres vastos imperios, y otros de menor rango europeo, con su caída, pusieron fin a la época colonialista del Occidente europeo y a la emergencia del nuevo imperialismo, basado en las actuales relaciones del capitalismo contemporáneo. El ruso VI Illich, estudiando a los ingleses, descubriría lo que él denominaría la última fase del capitalismo, aunque más bien la realidad nos haya mostrado lo que su renegado alemán Kautsky llamara el ultraimperialismo o club exclusivo de los que detentan el poder mundial. Un poder que siempre termina gravitando finalmente entre la rivalidad de los imperios centroeuropeos y de Rusia, al tener potentes relaciones culturales de vecindad con sus colonias.

En la Valencia de los años 68 estábamos muchos estudiantes de la época en la que Jhon Lennon nos llamaba a imaginar un mundo sin fronteras. Esa razón nos llevaba a odiar la guerra del Vietnam y las atrocidades que el ejército USA realizaba para someter a ese país campesino del Oriente lejano, antigua colonia francesa en Indochina. Bombas napalm, cuerpos de ejércitos drogados realizando salvajadas sin límite (Apocalipsis Now es una película que denunciaba valientemente esa etapa) y un final desesperante, hizo que los EEUU terminaran utilizando una nueva arma que defoliaba sistemáticamente los bosques donde se ocultaban los campesinos vietcong. Esa arma química se llamaba Agente Naranja y es el origen de los llamados herbicidas sistémicos que tratan de negar la vida a todo el reino vegetal. Deforestaban y defoliaban masivamente y junto a las bombas napalm, dejaban los bosques y manglares, totalmente calcinados. Toda esa enorme fuerza exterminadora fue derrotada por un heroico pueblo cuyo recuerdo en la Historia jamás fue olvidado en los propios EEUU, cuya juventud se manifestó masivamente, a los acordes de Joan Baez, Bob Dylan y tantos otros. Millones de jóvenes nos manifestábamos mucho más que ahora contra el involucionista Sr. Trump, empeñado en llevar el planeta al camino opuesto al calentamiento global, por la vía del invierno nuclear.

El Sr. Macnamara, asesor de JF Kennedy, director de la CIA y del Banco Mundial sería el único estadounidense, que como en antaño Roosvelt, fuera un dirigente preclaro. El reconocío la derrota del Vietnam y trató de extraer consecuencias políticas de esa derrota del campo del comunismo asiático. Muchos de los gobernantes actuales siguen sin leer a Macnamara, que vino a decir que las guerras planteadas por el comunismo a escala internacional, habían sido guerras de las clases campesinas ante los avances de la civilización urbana contemporánea. Vió a Estados Unidos al mesías de la civilización urbana y decidió erradicar el miedo al comunismo promoviendo un desarrollo acelerado de las ciudades y de la democracia formal, convenientemente tutorizada por lo que después fue llamada la era cibernética. Nosotros somos el resultado de esa reflexión que está llevando al fin de una clase histórica campesina que vivía en el mundo rural, produciendo alimentos de una forma apegada a la naturaleza. En los años 70, Brasil, España, Taiwan y Corea del Sur, fueron puestos en el centro de experimentación del Banco Mundial para una nueva concepción agroalimentaria y de ordenación territorial, trasladando el modelo americano al conjunto del planeta. Se verificaba lo que posteriormente nos había dejado claro el siglo XX, el historiador inglés, Eric J.E. Hobsbawm. La destrucción de la clase campesina.

El agente naranja, combinada con la acción destructora de las bombas incediarias napalm originó la muerte de cientos de miles de personas desarticulando buena parte de los ecosistemas de bosques y manglares del Vietnam. El DIARIO publicó en el año 2009  un artículo que denunciaba la persistente huella del agente naranja y nos relataba que dos investigadores españoles del CSIC Carlos Duarte y Jorge Terrados, estaban comprometidos en el rescate de los ecosistemas de los manglares del río Mekong. Si les dijera que la vida terrestre se originó con el paso de la vida marina a tierra, a través de los manglares, les estaría afirmando que la humanidad había bombardeado la cuna de la transición de la vida marina a la vida terrestre y la singularidad de estos ecosistemas donde han convivido los pescadores del extremo Oriente durante siglos. Los miles de soldados del ejército de EEUU afectados por el Agente Naranja denunciaron incluso a las autoridades militares de EEUU las secuelas del Agente Naranja al propio ejército de EEUU. Un ejército que había comprado esas dioxinas exterminadoras de la vida vegetal, a compañías como Monsanto y Dow Chemical. 

La compañía Monsanto, gran industria química ligada a los designios de la guerra y del Pentágono, proseguiría con la ayuda de éste en la búsqueda de un nuevo compuesto que superara los “errores del pasado”. Ese nuevo herbicida sistémico fue descubierto y llamado Glifosato. El Glifosato ha sido empleado en las guerras de las tropas de EEUU en Sudamérica (Colombia principalmente) y América Central, en forma de lucha contra los carteles de la droga. No es que su acción fuera meramente humanitaria, ya que muchos de esos carteles fueron empleados como forma de financiar la contrainsurgencia en las áreas rurales sonde se manifestaran las fuerzas campesinas. Pero ha sido un arma que ha sido utilizada para desalojar a millones de campesinos de sus zonas y reemplazar sus viejos cultivos, bosques y poblados por modernas plantaciones de palma, cuyo aceite se exporta como el aceite milagro que da textura a la bollería industrial y a la chocolatería industrial. El hecho de que la Unión Europea defendiera el “aceite de palma sostenible” a las organizaciones que nos oponemos a esta grasas saturadas y de baja calidad saludable de bajo precio, no puede proporcionar más que hilaridad. Y mucho más cuando España es el mayor importador de los aceites de palma y palmiste, sobrevenidos de la era del rociado del Glifosato. La AECOSAN española, entre los fuegos del nacional aceite de girasol y el de oliva, mucho más saludables y el importado de palma, ha prometido plantear un reto ante este problema.

Pero es la base de la proteína y la acción del glifosato donde se ha derivado con mayor fuerza las consecuencias de las reflexiones del Sr. Macnamara. Si el objetivo a conseguir era conquistar una civilización urbana sin campesinos, uno de los problemas a solventar era como conseguir los alimentos proteicos, de forma mecanizada. Y es en este terreno donde el glifosato unido a una semilla de soja transgénica, patentada a finales de los años 70 por la Monsanto, donde se iba a producir una auténtica revolución tecnológica. Las leguminosas son la gran base de la producción vegetal proteica de este planeta y están compuestas por más de 700 géneros y cerca de 19.000 especies. Son la base vegetal de la proteína que necesita el reino animal para sobrevivir. Baste decir que son muy variadas, han tenido un grado enorme de especialización y tienen la facultad de fijar el Nitrógeno en el suelo y estructurarlo de forma variada , por lo que medioambientalmente se consideran plantas relevantes y estratégicas en las ciencias agrarias. Las plantas que se desarrollan asociadas a las leguminosas son muy variadas, dado que el nitrógeno realiza una función fertilizante que dispara la vida en el suelo donse se cultivan las leguminosas. Esa acción de proliferación de hierbas competitivas con las leguminosas disminuye los rendimientos de las leguminosas grano e impiden la recolección mecanizada por efecto de la llamada maleza que impide el corte de la planta a las cosechadoras modernas. En los años 1961 la soja tenía rendimientos de 1680 kgs/ha. Y la superficie sembrada de soja en América era de 11 millones de Hectáreas (el 50% de la producción mundial)

La tecnología transgénica de una semilla de soja resistente al glifosato, dio a la Monsanto la patente de la soja OGM+Round-up (todo lo que rodea a la planta fuera, evitando la competencia de las plantas que rodeaban a su soja OGM)!!). En el continente americano esta tecnología consiguió duplicar los rendimiento de grano y elevar la superficie a 91 millones de Hectáreas (78% de la superficie mundial). Un milagro de la biotecnología hija de la guerra y del glifosato. Los campesinos brasileños, españoles, coreanos, colombianos y demás seres que podrían perjudicar la nueva era urbana fueron llevados a las ciudades de forma masiva, aun a cuenta de concentrar velozmente las propiedades de la tierra en pocas manos y formar enormes barrios de favelas o chavolas endémicas que rodearan las ciudades. En honor  la verdad el chabolismo español fue un período relativamente breve pero en Brasil y otros países se ha quedado como un lastre.

Cultivo
 
Zona Registros Unidades Año Valor Año Valor % Diferencia
Soja Grano Mundo Superficie Has 1961 23.818.820 2014 117.718.624 47,37%
Soja Grano América Superficie Has 1961 11.283.269 2014 91.857.687 78,03%
Soja Grano América Rendimiento Kg/Ha 1961 1.680 2014 2.952 112,69%
Soja Grano América Produccción Tm 1961 18.965.910 2014 271.214.240 87,93
Fuente: Estadísticas de la FAO. Organización de las Naciones Unidas para la agricultura y alimentación
 
Pasados 20 años de aplicación del round-up o Glifosato de la Monsanto, el IARC ha valorado que este compuesto químico es probablemente cancerígeno y ha recomendado a las autoridades sanitarias a que vayan suprimiendo su utilización. Por otro lado, la práctica agraria del glifosato ha mostrado una creciente resistencia del mundo vegetal a desparecer de su asociación con las leguminosas, conformando un sistema que necesita mayores cantidades de glifosato para tener utilidad productiva (contaminando ambientalmente más y más los suelos y el agua) y destacando algunas especies que ya se han manifestado resistente al glifosato. Si a ello se le une que junto a la soja OGM se asocia una producción de maiz OGM Mon810 de Monsanto, capaz de combatir la enfermedad del taladro originado por cultivos de repetición de maiz, nos encontramos ante una práctica de monopolio en la producción proteica que se agudiza con la alianza con la norteamericana Cargill  para la base de piensos en la ganadería industrial mundial. Desde América viajes superkilométricos con base en el poder de Cargill y Monsanto (ahora fusionada con la alemana Bayer que domina el mercado de la transgenia en Sudamérica), se controla la alimentación europea. Holanda y España son los dos países más dependientes de este modelo cuyo ciclo se finaliza con la industria de alimentos de origen animal y sus plataforma exportadoras. Dos países que son recalcitrantemente defensores de este modelo hipercárnico y defensor del glifosato. Grandes son los intereses de este conglomerado, en el que a partir de 2016 está jugando un importante papel la empresa holandesa Royal de Heus, que compró Núter y ese país que ha sido convertido en el país de la agencia europea del medicamento y que está apostando por un modelo biotecnológico como base de la alimentación humana del futuro. El hecho de que la carne artificial y la horticultura bajo invernadero tengan en ese país su centro científico tecnológico nos lleva a pensar que la sentencia de la agricultura campesina ya es una cuestión de pocos años, y que España ha decidido situarse de ese lado, como pais que recordemos, tiene una alta dependencia con Holanda, distanciándonos de nuestros colegas mediterráneos de Italia, Grecia y Francia, que apuestan por un planeta más sostenible.
 
Para terminar este artículo que sirve para tratar de comprender las raíces del problema de intereses del Glifosato y de la biotecnología entre España y Holanda (algo descoyuntada por la aventura del independentismo de Puigdemont, que apostó equivocadamente por el espíritu flamenco muy unido al consorcio biotecnológico de Cataluña a quien ha reemplazado), terminaremos agregando que la ganadería industrial ha sido expuesta, ante el calentamiento global, como uno de los focos de la huella climática y huella ambiental más preocupantes en el ciclo alimentario. Por esto no es extraño que las agencias alimentarias traten de reducir la base hiperproteica cárnica y de pescado de acuicultura en la comida de los países y que se apele a una base alimentaria proteica de base vegetal, en cuyo camino coincidimos Italia, Francia e Italia junto a la ribera mediterránea.El hecho de que hayamos ampliado la base de la campaña de comida de legumbres del país porque son sanas y saludables a 70.000 escolares de cerca de más de 400 centros escolares y algunos hospitales y centros sociales y que estén floreciendo una horticultura de proximidad biodiversa y biológica, nos hace pensar que Europa sigue replanteándose el futuro.
 
De momento la autorización para el uso del Glifosato ha sido renovado por 5 años en Europa. Francia e Italia han indicado que en 3 años lo desterrarán de sus países. España sigue la senda de los países dependientes. El problema es hasta cuando y que piensa este país de su política alimentaria y una población que estamos hartos de purines, de sucedáneos de horticultura y de unas legumbres que denostamos como ricas y variadas. Los partidos políticos tienen la palabra, pero la Mensa Cívica y la alimentación sostenible avanza. Y la precupación por el medio ambiente también, tal como también se expone en la Confederación Hidrográfica del Guadiana.
 
 

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