El aliado (o la amenaza) que yace bajo tierra

El aliado (o la amenaza) que yace bajo tierra
El aliado (o la amenaza) que yace bajo tierra

En medio de una fuerte campaña internacional en defensa del potencial agrícola y medioambiental de los suelos, diversos expertos de todo el mundo se han dado cita para analizar este importante recurso natural que el ser humano puede mejorar o empeorar, en su relación con el ciclo del Carbono. Reproducimos este artículo por su interés.

Carlos Laorden
Roma 

Una espada de doble filo. De la que, además, aún queda mucho por conocer. En un momento en el que el cambio climático está (al menos oficialmente) en cabeza en la lista de prioridades mundiales, reducir la emisión de gases de efecto invernadero es la madre de todas las batallas. Y en esa lucha, los suelos del mundo —que contienen más carbono que la atmósfera y la vegetación terrestre juntas—pueden ser un gran aliado, si además del carbono orgánico que ya encierran, se consigue que secuestren todavía más. O pueden ser un enemigo, si al maltratarlos liberan los gases que acumulan desde hace años, décadas, o en ocasiones milenios. 

Entender mejor el funcionamiento de estos mecanismos y buscar la forma de poner a los suelos de parte de la humanidad en la lucha contra el cambio climático ha sido el motivo que ha reunido en Roma (Italia) a representantes de Gobiernos y expertos de todo el mundo durante tres días. Ronald Vargas, experto de la FAO (la agencia de la ONU para la alimentación y la agricultura, anfitriona del simposio) ha abogado en la clausura por empezar, al menos —pero cuanto antes— por hacer lo necesario para mantener en el suelo el carbono que ya está allí.

Las plantas, a través de la fotosíntesis, acumulan carbono orgánico en su propia masa, igual que otros animales que las comen. Cuando las hojas o restos de plantas y frutos caen a tierra —o cuando los animales defecan— parte del carbono que contienen pasa también a los suelos y se mantiene, principalmente en el primer metro de profundidad. La forma en que se cuide y trate el terreno influye, a partir de entonces, en la cantidad de este elemento que permanece encerrado y la que retorna a la atmósfera en forma de CO2 o metano. Evitar liberar esas reservas subterráneas se antoja clave para cumplir los objetivos acordados por los países en la Cumbre del Clima de París de mantener el calentamiento global por debajo de los 2º centígrados.

La degradación de los suelos del planeta —según la FAO, un tercio de ellos lo está— por abusar de ellos (o por el propio cambio climático) favorece esa descarga a la atmósfera. Los especialistas reunidos en Roma han compartido sus experiencias sobre una gestión sostenible de los suelos. Desde la rotación de cultivos, la reducción del uso de químicos y de la contaminación, la conservación de la vegetación o la práctica de agricultura menos intensiva, hasta la lucha contra la erosión o cultivar más legumbres.

“Los suelos almacenan más carbono que la atmósfera y la vegetación terrestre juntas”

Por ejemplo, Jorge Álvaro Fuentes, del CSIC español, expuso el miércoles la experiencia observada en Lleida en función del nivel de arado de las tierras. No ararlas, señaló puede aumentar el contenido de carbono orgánico en el suelo hasta un 11%. Pero, como advirtió el científico al alimón con gran parte de sus colegas, las condiciones y los resultados varían mucho en función del clima o el tipo de terreno.

Tanto, que una de las conclusiones ha sido que no se puede calcular un “límite de degradación” del suelo, a partir del cual ya no se pueda secuestrar más carbono. “Es un concepto inapropiado”, han determinado, ya que esos niveles dependerán para cada caso. Técnicamente, han apuntado, todos los suelos se pueden restaurar. Otra cosa será si, en ciertos casos, el coste de hacerlo merece la pena.

“Tenemos que desbloquear todo el potencial de los suelos para la lucha contra el cambio climático, para garantizar la seguridad alimentaria y para el desarrollo sostenible en general”, ha apuntado este jueves Pete Smith, profesor de la Universidad de Aberdeen (Escocia). Ha llamado a gestionar los suelos para mantener el carbono allí y no emitirlo, pero porque además, según él, eso mejora su fertilidad (y por tanto, se produce más comida), su estructura (y por tanto, se trabaja mejor), y el hábitat para muchos microorganismos (y por tanto, se protege la biodiversidad).

Pero Smith ha pedido ser más ambiciosos y aprovechar aún más esa capacidad de almacenar carbono. “Tenemos que ser más agresivos en cuanto al cambio climático”, ha dicho. “Muchas de las técnicas para secuestrarlo tienen un coste negativo: al final, podemos incluso ahorrar dinero”, ha mantenido el académico escocés.

Para todo ello, según los expertos, hay que mejorar los datos sobre los suelos y el carbono que almacenan y las formas de medir todo ello. Y también, hacer que los agricultores vean beneficios tangibles, tanto a corto como a largo plazo, por adoptar prácticas de este tipo.

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