¿Economía circular?

¿Economía circular?
¿Economía circular?

Antes de llegar a Bruselas no sabía nada sobre el término y las implicaciones de ese nuevo paquete de medidas que aprobó la Comisión Europea en diciembre del 2015 para la reducción, la reutilización, el reciclado y la valorización de los productos y residuos. Nos estábamos moviendo hacia la economía circular y la ilusión se apoderaba de nosotros.

No obstante, según un estudio que he leído recientemente, cada año alrededor de 4 gigatones de materiales son reciclados, mientras que 62 gigatones entran de nuevo al sistema. Así la economía mundial es solo un 7% circular. Pero, ¿qué pasa con el 93% restante? ¿Puede ser nuestra economía actual circular o nunca podrá llegar a serlo?

Hay diferentes teorías al respecto, algunas pasan por el término tabú de decrecimiento económico, otras parecen sacadas de una película de ficción de los 80 y otras parecen mirar el vaso medio lleno de ese paquete de medidas que nos iba a sacar de esa carretera sin salida.

Sea como sea, yo lo tengo claro. El consumo de materiales a nivel mundial esta aumentando un 3,6% de media. La población mundial está aumentando un 1% por año, aunque el crecimiento se está relenteciendo. Las Naciones Unidas estiman que la población mundial crecerá un 20% para el año 2050, pero el sobre-consumo crecerá un 200%. La clave es pues nuestro sobre-consumo, no la superpoblación.

La Tierra puede sostener la vida de 10 mil millones de personas, pero no 10 mil millones de personas viviendo como lo hacemos en nuestro día a día en las sociedades occidentales. Por esta razón, la economía circular tiene que ser parte de la solución, no la única solución. Necesita ser llevada a cabo con un plan de decrecimiento que mantenga los materiales más tiempo en la tierra, pues un 71% de los materiales que circulan en nuestra economía ni siquiera son reciclables, como los combustibles fósiles. Para combatir esto necesitas reciclar más del 29% que se puede reciclar.  

 

Yo, que he estado centrada en reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos a cero, como parte del paquete de economía circular, pienso que todavía estamos muy lejos de lograrlo y todavía hace falta implementar soluciones apropiadas (tanto a nivel técnico como no técnico) para la prevención y gestión del desperdicio de alimentos y minimizar sus consecuencias ambientales. Las soluciones técnicas (ej. mejores técnicas de cosecha, almacenamiento adecuado en las zonas de producción, embalajes para mantener los alimentos frescos por más tiempo, etc.) incluyen costos adicionales y pueden tener impactos negativos en los entornos locales. Además, todas las partes de las cadenas de suministro de alimentos deben ser eficientes para lograr el potencial de reducción total de la pérdida y el desperdicio de alimentos.

Junto con estas soluciones técnicas, los enfoques (es decir, las soluciones no técnicas) a los cambios en los comportamientos y actitudes de una amplia gama de partes interesadas en todo el sistema alimentario juegan un papel importante en la reducción de la pérdida y el desperdicio de alimentos. La pérdida y el desperdicio de alimentos se pueden recuperar distribuyendo el excedente de alimentos a grupos vulnerables o convirtiendo el desperdicio de alimentos en alimentos para animales. El desperdicio inevitable de alimentos también se puede reciclar para producir energía basada en tecnologías biológicas, térmicas y termoquímicas. Además, las estrategias para reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos también deben considerar la dinámica de género con la participación de las mujeres en toda la cadena de suministro de alimentos.

En resumen, la reducción de la pérdida y el desperdicio de alimentos puede considerarse como una medida de mitigación del cambio climático que proporciona sinergias con la seguridad alimentaria y el uso de la tierra, pues la reducción de la pérdida y el desperdicio de alimentos reduce las emisiones agrícolas de gases de efecto invernadero y la necesidad de expansión agrícola para producir el exceso de alimentos. No obstante, la pérdida y el desperdicio de alimentos no se pueden evitar por completo dado nuestros actual sistema de producción y consumo. Debemos ser conscientes de esta realidad y pensar cual podría ser nuestro papel para impulsar los mercados e influir en la transición hacia una economía circular. Claro que para ello también hacen falta políticas orientadas sistemáticamente a la circularidad para sectores específicos, como los establecidos para los plásticos. Esperemos que el tiempo llegue pronto y en todo su potencial para los alimentos.

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