Directos al grano

Directos al grano
Directos al grano

La economía, la política, el medio ambiente, la salud y la sociedad son la raíz de muchos de los problemas que la política alimentaria necesita resolver y todos se ven afectados como resultado de los efectos dominantes cuando se implementa cualquier solución de índole alimentaria. Para ilustrar estas interconexiones (en nuestro sistema alimentario), hemos seleccionado uno de los alimentos más consumidos del mundo: el trigo.

Al comienzo de la cadena, el trigo es producido por los agricultores, utilizando semillas y otros insumos, como fertilizantes y pesticidas. El trigo es un producto muy comercializado, el cual se almacena y transporta a diversos lugares del mundo para ser procesado, por ejemplo, en harina, que es el fundamento de muchos otros alimentos básicos que comemos, como pan, fideos y pastas, que se venden en diferentes formas. El trigo también es un residuo, de hecho, el pan es uno de los productos que más desechos genera en nuestros hogares y fuera de los mismos.

El trigo se relaciona con múltiples dimensiones del sistema alimentario. Con el medio ambiente en términos del uso del suelo, el agua, el aire y las condiciones climáticas que necesita para crecer; con la economía, pues el trigo se compra y se vende. Políticamente gracias a la existencia de políticas y regulaciones que incluyen el trigo (y sus derivados). La dimensión social también es importante para el trigo, ya que como hemos mencionado anteriormente el pan es un aspecto identitario en muchas culturas. Y la salud: el trigo integral es nutritivo, mientras que el grano refinado es menos nutritivo y se ha relacionado con alimentos baratos muy energéticos asociados con la epidemia mundial de enfermedades crónicas, como la diabetes.

Existen múltiples interconexiones entre la cadena alimentaria del trigo y estas dimensiones, pues el trigo es sensible a la disponibilidad de cultivos, que se ven afectados por el cambio climático, fenómenos meteorológicos o desastres naturales. Esto también hace que los cultivos de trigo sean más sensible a enfermedades, y tengan que ser tratados con químicos, como el glifosato, cuyos residuos pueden permanecer en los alimentos y contaminar las fuentes de agua. De igual manera, una mala cosecha de trigo puede conducir a picos de precios de los alimentos, y puede dañar la economía y comercio a nivel internacional, afectando en última instancia a nuestro consumo.

Por ello, es necesario adoptar un enfoque holístico a lo largo de la cadena alimentaria (en este caso del trigo) para traer un cambio positivo con el fin de:

  • Aumentar la diversidad en la producción,
  • Reducir los niveles de pesticidas en los alimentos y la contaminación,
  • Mejorar las condiciones de los trabajadores agrícolas,
  • Estimular una oferta de alimentos producidos localmente, y
  • Asegurar un menor desperdicio.

Esto requerirá unir a investigadores, inversores, agricultores, molineros, panaderos, nutricionistas, comerciantes, etc. En definitiva, todas las personas que producen, manejan y comen trigo a lo largo del sistema alimentario.

 

Este artículo ha sido traducido y editado a partir de este documento informativo (en inglés).

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