Cuatro cambios necesarios hacia un futuro alimentario más sostenible (y delicioso)

Cuatro cambios necesarios hacia un futuro alimentario más sostenible (y delicioso)
Cuatro cambios necesarios hacia un futuro alimentario más sostenible (y delicioso)

Nuestro sistema de producción y consumo alimentario es insostenible tanto desde la perspectiva ambiental como de la salud pública. Por ello, necesitamos ver un cambio drástico e inspirador en el sistema alimentario mundial.

Los servicios de restauración colectiva y social ya están lidiando con los multiples desafíos actuales que hemos comentado en otras ocasiones, adoptando cambios muy necesarios hacia dietas más atractivas, saludables y sostenibles. Estos cambios pueden dividirse de la siguiente manera:

  1. El cambio proteico

La producción de proteína animal requiere una gran cantidad de recursos y tiene un alto coste para el medio ambiente – la producción ganadera produce el 14,5% de todas las emisiones antropogénicas de gases de efecto invernadero. Además, comer demasiada carne roja se ha asociado con ciertos problemas de salud, como el cáncer colorrectal. La mayoría de los estudios científicos sobre lo que constituyen dietas saludables y sostenibles hasta el momento han demostrado que las dietas bajas en proteínas animales y altas en vegetales tienen múltiples beneficios para nuestra salud humana y planetaria.

Para que este cambio sea posible, necesitamos aumentar la cantidad de proteína vegetal en las dietas de todos. En términos generales, eso significa que los países de altos ingresos con alto consumo de proteína animal necesitan comer menos productos de origen animal, mientras que puede haber espacio para una mayor ingesta de proteína animal en algunos países de bajos ingresos con altas tasas de desnutrición. Es probable que también veamos un cambio en la forma en que consumimos pescado: una proporción creciente del pescado que comemos proviene de la acuicultura, lo que ejerce presión sobre las granjas de peces para que sean más sostenibles. También se están desarrollando nuevas tecnologías para el cultivo de insectos (tanto para consumo humano como para alimentación animal) y «carne imposible», cultivada sin animales. Pero sin duda, los cambios en nuestra forma de consumo son los que más influencia pueden tener a largo plazo.

  1. El cambio de calidad

La industria alimentaria actual se centra principalmente en cuánto pueden producir de la manera más eficiente posible, y la mayoría de las evaluaciones de cantidad y eficiencia utilizan kilogramos o calorías por hectárea como medida de rendimiento. Necesitamos comenzar a evaluar la calidad de los alimentos en términos de su composición nutricional, su sabor, y la sostenibilidad de los ecosistemas terrestres y/o marinos en los que se producen los alimentos, por ejemplo.

La forma en que gestionamos nuestros paisajes cuando producimos alimentos es un aspecto clave de este cambio de calidad. Requiere una visión más sistémica que combine los beneficios privados con los beneficios públicos.

  1. El cambio de ciudad

Las ciudades son puntos de fusión para una diversidad de personas y centros de innovación. La cultura alimentaria de una ciudad cambia rápidamente: las personas prueban cosas nuevas y encuentran nuevos hábitos continuamente. Sin embargo, los habitantes de las ciudades somos a menudo los más desconectados de los sistemas de producción de alimentos y como el resultado de nuestros hábitos impacta en los sistemas de producción.

Las ciudades no pueden existir independientemente del entorno en el que se ubican. Por ello, necesitamos encontrar incentivos para que los cambios que afectan a nuestros patrones de consumo tengan una influencia positiva en las condiciones de vida y prácticas sostenibles en los paisajes rurales productores de alimentos. La curiosidad y la innovación que se pueden encontrar en las ciudades necesitan apoyar comunidades y modelos de producción viables y sostenibles en el campo.

Igualmente, la voluntad política tiene un gran papel que jugar. Por ejemplo, en 2016, Copenhague casi alcanzó su objetivo de 90% de alimentos orgánicos en los comedores de sus instituciones públicas. Al repensar lo que hay en los platos que se sirven en los espacios públicos, la ciudad logró proporcionar mejores alimentos para las personas y el medio ambiente sin mayores costos, en parte debido a la reducción del consumo de carne.

  1. El cambio cultural

La comida esta ligada a tradiciones, conocimiento y cultura, pero estos valores a menudo pasan desapercibidos en las discusiones sobre alimentación y sostenibilidad. Necesitamos una reconexión mental que nos ayude a comprender la importancia del entorno para la producción de alimentos y el bienestar humano. Los productores y consumidores de alimentos pueden desempeñar un papel más activo en ser administradores del entorno. Volver a conectar a los consumidores con los productores y fomentar el conocimiento y la cultura en torno a los alimentos serán pasos importantes para alimentar bien a una población en crecimiento y cultivar dentro de los límites de este planeta.

 

Estos cuatro cambios son aplicables para todos nosotros si queremos tener una buena vida. Pero para tener éxito, debemos ir más allá de la sostenibilidad y la salud; necesitamos buscar soluciones que sean atractivas y ricas en sabor y cultura. Tenemos que pensar en estos cambios de forma creativa y esto realmente está sucediendo ahora, a medida que las personas del sector de la restauración colectiva y social se unen a productores de alimentos y otros actores del sistema alimentario en la búsqueda de las mejores y más saludables opciones.

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