Creando redes para las compras públicas sostenibles

Creando redes para las compras públicas sostenibles
Creando redes para las compras públicas sostenibles

Todos los días, las autoridades públicas necesitan comprar electricidad para iluminar los edificios, autobuses que conecten las zonas metropolitanas de la ciudad con el centro, o comidas escolares y hospitalarias. Estas acciones generan una huella de carbono significativa; por ello, las autoridades públicas deben invertir en soluciones innovadoras, sostenibles y que potencie los valores sociales,así como analizar los costes del ciclo de vida – que integra los costos económicos, sociales y ambientales de un contrato – con el fin de maximizar el valor para el comprador y minimizar el desperdicio.

De hecho, de acuerdo al proyecto SPP Regions, iniciado en 2015 en Barcelona, Bulgaria, Copenhague, La Haya, el sudoeste de Inglaterra, Turín y el oeste de Francia, si se invierten en mejoras en la distribución de alimentación y servicios de catering en instituciones públicas escolares, la adquisición de vehículos eléctricos y edificios energéticamente eficientes, se puede llegar a ahorrar alrededor de 394,000 toneladas de CO2 al año. Este ahorro a nivel ambiental demuestra que si las autoridades locales y regionales se implican en la lucha contra el cambio climático a través de adquisiciones estratégicas y cooperando con otras autoridades de su región o a nivel europeo, los resultados pueden ser extraordinarios a largo plazo.

A veces, estas grandes iniciativas van ligadas a políticas a nivel nacional, como en Hungría a través de la aprobación de su Reglamento 2015/143 que apuesta por fijar criterios sostenibles y que tengan un valor añadido, en lugar de apostar por la opción más barata. También existen iniciativas políticas a nivel local, como en la ciudad de Nijmegen, donde se ha aprobado un plan con una serie de acciones que promuevan la compra pública socialmente responsable y sostenible, con aspectos centrados principalmente en la economía circular (reutilización de materiales y reciclaje de los mismos).

Estas iniciativas demuestran que aun queda un largo camino que recorrer, pues muchos mercados todavía necesitan desarrollarse más para adaptarse a los retos a los que las ciudades se enfrentan en el futuro y los diversos intereses de los actores participantes. Asimismo, se requiere una mayor colaboración, educación e intercambio de conocimiento y experiencia, pues habitualmente las buenas prácticas se encuentran dispersas.

Afortunadamente, cada vez existen más plataformas, proyecto y redes que potencian la comunicación y replicabilidad de buenas prácticas en otras regiones o países europeos, como el proyecto de compras públicas en Turín, la red de ciudades agroecológicos, o la red europea de compras publicas sostenibles.

 

“La compra pública ya no es solo un procedimiento, es una herramienta para proteger el medioambiente, promover la salud de la ciudadanía, y favorecer el emprendimiento empresarial a nivel socio-económico”.

 

 

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