¿Cómo se relaciona la seguridad alimentaria con el consumo de pescado en España?

¿Cómo se relaciona la seguridad alimentaria con el consumo de pescado en España?
¿Cómo se relaciona la seguridad alimentaria con el consumo de pescado en España?

REFLEXIÓN SOBRE LA PESCADO-DEPENDENCIA EN ESPAÑA Y SU RELACIÓN CON LA SOSTENIBILIDAD PESQUERA

La Seguridad Alimentaria  “…se consigue cuando todas las personas, en todo momento, tienen acceso físico y económico a suficiente alimento, seguro y nutritivo, para satisfacer sus necesidades alimenticias y sus preferencias, con el objeto de llevar una vida activa y sana”.  Según la Cumbre Mundial de la Alimentación de 1996.

Según indicó Europa Press hace unas semanas en base al informe de New Economics Foundation, el pasado Martes 10 de Mayo de 2016 España agotó sus reservas de pescado, incluyendo los recursos procedentes de acuicultura.  Comenzará por tanto a depender de recursos pesqueros importados de otros países para su abastecimiento. Este cálculo asume que los consumidores en España se abastecen de pescado capturado por la flota española en aguas Europeas.

Si esta fuese la situación, podríamos analizar la capacidad de la flota española de garantizar la disponibilidad de pescado procedente de aguas europeas para el consumo nacional. Este cálculo nos lleva a concluir que el consumo de pescado en España está por encima su capacidad de producción, y nos etiqueta como un país dependiente de pescado. Al mismo tiempo, sabemos que la sobrecapacidad de la flota pesquera española amenaza la sostenibilidad ecológica y económica de la pesca. En general, el sector pesquero se enfrenta a un descenso en las capturas de pescado que evidencia la sobreexplotación de numerosas pesquerías, y es en gran parte dependiente de subvenciones para mantener su actividad. Entonces, ¿consumimos en España más pescado del que nuestras aguas pueden producir? ¿Pescamos más de lo que nuestros mares pueden soportar? Estas son sin duda preguntas de gran relevancia para empezar a pensar en el concepto de pesca sostenible.

Sin embargo, la situación es más compleja. En realidad, gran parte del pescado consumido en España es importado, y parte de la flota española pesca en aguas exteriores o de terceros países. A su vez, España exporta grandes cantidades de pescado a países como Portugal, Francia o Italia. Según datos de 2013, España ocupa el puesto veintidós entre los países que más pescado producen. Es también el sexto país del mundo que más pescado importa, y el décimo que más pescado exporta. Toneladas y Euros procedentes de los ecosistemas marinos fluyen de un país a otro sin que los ciudadanos nos percatemos al degustar la siguiente pieza de pescado. Vivimos por tanto en un mercado globalizado donde, en general, no podemos afirmar que los consumidores españoles se alimenten del pescado procedente de la flota nacional. En este sentido, investigadores del centro de la Resiliencia de Estocolmo sugieren que existe una desconexión entre los consumidores y los sistemas pesqueros, que pasa por los mecanismos del comercio global[1]. Surgen pues otras preguntas que van más allá de la cantidad de pescado consumida y producida en España: ¿de dónde viene el pescado que consumimos, y qué tipo de pescado nos está alimentando? ¿Qué efecto tienen los flujos comerciales sobre los ecosistemas locales – y globales?

Gran parte del pescado consumido en España proviene de países no pertenecientes a la Unión Europea, ya sea producido mediante sistemas de acuicultura o mediante distintas modalidades de pesca. Existen argumentos que sostienen que estas importaciones, especialmente cuando proceden de sistemas de acuicultura, podrían constituir una alternativa para mitigar el déficit entre la demanda y la producción de pescado en países como España. Sin embargo, tanto los sistemas de acuicultura destinada a la exportación, como el comercio internacional de pescado, generan un impacto en los países productores que muchas veces se encuentran en vías de desarrollo. Científicos afirman que el efecto de estos flujos de mercado sobre la seguridad alimentaria y la reducción de la pobreza en países en vías de desarrollo, es variable, y es por tanto necesario analizar su impacto tanto a escala nacional como a escala local[2].

En este contexto, el conocido caso de la Panga (Pangasius hypophthalmus) es especialmente llamativo e importante para el sector de la restauración colectiva. España no destaca como productor de Panga, pero en 2014 se importaron 33.627 millones de toneladas de Panga, suponiendo el 12% del total de las importaciones de pescado blanco. Este dato incluye producto fresco, refrigerado, congelado o en filetes (de forma mayoritaria). El 11% (3691 millones de toneladas) de esta cantidad importada fue exportada. Podemos deducir que estas exportaciones, en general, se destinan a países de la Unión Europea, mientras que la Panga se importa de países no pertenecientes a la Unión. La Panga se produce de forma intensiva mediante sistemas de acuicultura en países como Vietnam, uno de los mayores productores de Panga, que pueden considerarse países en vías de desarrollo. Ciertos estudios sugieren que estas industrias acuícolas en Asia han contribuido al crecimiento económico de países como Vietnam, y han sido un mecanismo para que unidades familiares escapen de situaciones de pobreza. Sin embargo, otros estudios advierten que los recursos generados pueden ser acaparados por un reducido número de actores y no contribuir a la reducción de la pobreza en su conjunto. Además pueden  generar importantes riesgos para la salud y daños ambientales. Emerge así otra cuestión sobre la que es imprescindible reflexionar para promover sistemas de alimentación sostenibles y justos: ¿cuál es el impacto del consumo de pescado importado sobre la seguridad alimentaria y la reducción de la pobreza en terceros países?

El pasado 10 de Mayo de 2016, España agotó sus reservas de pescado. Es urgente poner sobre la mesa las implicaciones de este dato para la seguridad alimentaria de los españoles. También para la seguridad alimentaria de los países de cuyas aguas proviene parte del pescado que consumimos. La alimentación sostenible debe jugar un papel esencial en esta discusión, como enlace entre los ciudadanos y los sistemas de producción. Así, la alimentación procedente de pesca sostenible significaría satisfacer nuestra demanda de pescado sin comprometer la sostenibilidad y el bienestar ligados a de los sistemas pesqueros, tanto en el ámbito nacional como en otros países. Esta definición plantea la necesidad de apostar por alternativas al sistema actual de producción y consumo de pescado. Alternativas que sean capaces de reflexionar sobre estas cuestiones complejas, y responder desde una perspectiva integradora.

Por Blanca González García-Mon

Blanca González García-Mon es bióloga, actualmente estudia el master Resiliencia Socio-Ecológica para el Desarrollo Sostenible en Stockholm Resilience Center con una beca de postgrado de la Obra Social “la Caixa”.

Referencias

 

[1] Crona et al. 2015.

[2] Béné et al. 2016

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