Cerezas de las Montañas de Alicante: Un delicado y saludable deleite de primavera

Cerezas de las Montañas de Alicante: Un delicado y saludable deleite de primavera
Cerezas de las Montañas de Alicante: Un delicado y saludable deleite de primavera

Cuando hablamos de cerezas nos referimos al fruto del cerezo (Prunus avium de variedades dulces, y Prunus cerasus la variedad agria). Fruta que alberga en su interior un duro hueso perteneciente a la familia de las rosáceas compartida con melocotones, albaricoques y ciruelas. Las variedades de cerezas que se cultivan en las zonas que acoge el Consejo Regulador de la Indicación Geográfica Protegida son Burlat, Picota, Ambrunesa, Early Lory, Prime Giant, Sweet Heart, Brooks, Starking, distintas entre ellas por la velocidad de maduración, color y calibre entre otras características.

Son una fruta de primavera muy apreciadas por su sabor más o menos dulce y por su color,que puede variar desde un rojo muy oscuro hasta el amarillo claro. El color rojo intenso en ellas, indica que son una fuente de sustancias antioxidantes (antocianinas), cuya actuación se centra en frenar la acción de los radicales libres, retrasando el envejecimiento de nuestras células. En este sentido, los cerezos de cultivo tradicional en montaña como los de la IGP Cerezas de las Montañas de Alicante tienen unas características especiales  en cuanto a que presentan una mayor resistencia al desarrollo de la Xylella fastidiosa por el frío del invierno (una bacteria patógena para muchas especies vegetales de importancia en nuestro entorno como almendros, cítricos, frutales de hueso, olivo), un frío que puede retrasar la maduración de la fruta, pero que proporciona más atributos en capacidades antioxidantes, buenas para nuestra salud. Junto a esta ventaja, que consumamos cerezas de producción geográfica protegida, garantizan la frescura con la máxima calidad nutricional y organoléptica, a la vez que aseguran una producción sostenible y respetuosa con el entorno ayudando a mantener el abancalamiento y el paisaje, así como a reducir el uso de recursos hídricos (de forma opuesta a como ocurre con cultivos intensivos). Mantener los cultivos tradicionales supone además un beneficio frente al cambio climático que se está produciendo por ejemplo en el sureste español, de mediterráneo a subdesértico.

Del interés nutritivo de esta simpática fruta (porque ¿quién no ha jugado a colgarse de la oreja una pareja de cerezas a modo de pendientes mientras las prepara para guardar o servir?) destaca su alto contenido en agua, un aporte moderado de azúcar (fructosa, que se mantiene tras la recolección), fibra, vitaminas y minerales, entre los que predominan la provitamina A y la vitamina C. Además, son fuentes de potasio, un mineral necesario para la transmisión del impulso nervioso y el mantenimiento del equilibrio hídrico del organismo entre otras funciones. Son por tanto, una fruta que ayuda a la hidratación, y a la eliminación de líquidos (función diurética) en casos de hipertensión arterial, y ácido úrico elevado (hiperuricemia y gota); al buen funcionamiento del tránsito intestinal, control de los niveles de colesterol y glucosa en sangre, con potenciales sustancias antioxidantes como las antocianianas y el ácido elágico que actúa como antiinflamatorio, que las hacen ser una delicia en la mesa de esta temporada.

Un bocado tan saludable para los seres humanos como para el medio ambiente que le rodea. Espero que no os perdáis esta exquisitez de primavera, si os encontráis en la zona del levante, sin duda IGP Cerezas de las Montañas de Alicante. ¡Espectaculares!

Y para poner la guinda a este artículo, propongo una idea para degustar y sacarles todo el jugo: una receta perfecta para esta temporada, que además tiene doble gesto si usamos cerezas que han perdido firmeza o no son tan bonitas para comerlas enteras. Para ello, y para combatir las primeras subidas de temperatura…

¡Gazpacho de cereza!

Resultado de imagen de gazpacho de cerezaIngredientes:

  • 500 g de tomates maduros
  • 300 g de Cerezas
  • 1 Pimiento verde
  • 1 Pepino (opcional)
  • ½ Cebolla
  • 1 diente de ajo (cantidad a gusto)
  • 1 cucharada de vinagre de jerez
  • Agua
  • Pizca de sal

Además:

  • Cerezas con su rabo para decorar
  • Brotes u hojas pequeñas de albahaca

Procedimiento:

  1. Lavar, deshuesar y reservar las cerezas (sin incluir las reservadas para decorar).
  2. Lavar también los tomates quitándoles el pedúnculo, cortar junto con la cebolla y el pimiento pimiento en cubitos pequeños.
  3. Colocar todos los ingredientes, menos la cerezas, en un recipiente, cubrirlos con papel film y dejar macerar en frío unas 4-8 horas.
  4. Pasado este tiempo, triturar todo junto, y cuando esté listo añadir las cerezas y los aderezos, aceite, vinagre y pizca de sal y volver a triturar.

Servicio y presentación: bien frío y acompañado de un par de cerezas con rabo y unas hojas de albahaca fresca.

Notas: según la textura deseada, se puede añadir un poco de miga de pan o bien, agua para conseguir más o menos consistencia en esta refrescante sopa de primavera.

Autora del Artículo: Mª Pilar Gómez, dietista-nutricionista especialista en información y educación alimentaria, además de una fascinada de la cultura gastronómica y todo lo relacionado con los alimentos. Su principal cometido es transmitir el gusto por una alimentación saludable, segura, sostenible, y accesible para la mayoría, como respaldo del derecho básico y el placer que es el “comer”.

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