Bosques, incendios y cambio climático

Bosques, incendios y cambio climático
Bosques, incendios y cambio climático

MemEn esta canícula veraniega recuerdo aquel refrán que dice que el español hace de su capa un sayo. Este viejo aforismo plantea que los españoles obramos según nuestro propio albedrío y con libertad en cosas o asuntos que a “él sólo pertenecen o atañen”. Vistas así las cosas nos metemos en un asunto nada pueril relativo al concepto de libertad, responsabilidad individual o compartida y educación en el llamado bien común. Algo que culturalmente lastra a los españoles a secundar causas comunes que no sean las derivadas de proyecciones simbólicas conductistas e irracionales. Tal es el caso de la llamada marca España atribuída a “éxitos deportivos” sobre los cuales debemos apretar las filas macedónicas, aunque no nos gusten ese tipo de espectáculos convertidos en nidos de un capital especulativo que nada tiene que ver con la necesaria educación deportiva de un país. Pero qué pasa con la asunción de responsabilidades compartidas y las restricciones a nuestros deseos individuales, que muestran que los españoles estamos desacostumbrados a empresas comunes? Incluso aunque tras la suma de las decisiones individuales venga el llamado diluvio o catástrofe colectiva, ya que muchas de esas catástrofes se terminan atribuyendo al azar y a los dioses, para tranquilizar las conciencias, evitando que asumamos medidas colectivas para evitarlas o mitigarlas. Esa es la notable diferencia cultural de cuanto ocurre al Norte y al Sur de los Pirineos, que algunos maños detectamos bajo la herencia de los ilustrados y los regeneracionistas. O insinuando que los europeos son más infelices porque no son tan desmadrados como nosotros. Un desmadre que se asienta ante la neveolencia de los privilegios del poder medioeval de los señores o sidis (Cid campeador), ajenos a la civilización.

Hoy voy a poner un ejemplo a tenor de lo que está sucediendo en los incendios de Galicia como consecuencia de la regresión mundial de los bosques, la emisión de gases de efecto invernadero y la escasa mitigación de estos efectos. La falta de educación colectiva y la inmediatez de las decisiones individuales nos lleva a absurdos comportamientos provistos de inmediatez, carentes de visión estratégica socialmente compartida. Algo que en España es muy común en las posiciones individualistas extremas y que resta a España su capacidad de emprender un desarrollo sostenible y un liderazgo real en estas materias.

Europa es un gran importador de soja transgénica producida en las grandes superficies deforestadas en la América del si plus ultra, que están intensificando el consumo de productos de origen animal producidos de forma intensiva y el declinar de la ganadería extensiva y de montaña, que aun goza en Galicia de cierto éxito. Incluso los animales poligástricos terminan siendo alimentados con piensos en los que el maiz y la soja son la componente fundamental de esta alimentación, que favorecen el desarrollo de un metabolismo aerocólico con emisiones de gas metano. (La culpa no es de las vacas sino de la alimentación de poligástricos con piensos donde el almidón descompuesto en azúcares fermenta, aumentando la aerocolia). El efecto de la reducción de bosques para cultivar soja (reducción de absorción de CO2), viajes superkilométricos (pérdida de energía y emisión de gases en el transporte), aumento del gas metano en la digestión del mundo animal, dietas hiperproteicas de origen animal intensivista con reducción de la ingesta de legumbres de proximidad en la dieta (menor poder de fijación del Nitrógeno en el suelo) y la huella ecológica del glifosato, forman una inecuación ambiental netamente escandalosa, que contribuye al cambio climático y una creciente huella ambiental. Una inecuación que hasta los chinos comienzan a imitar a gran escala, dados los bajos costes actuales, a cuenta de “quemar” los recursos naturales a corto plazo. España se apunta a ser el líder de esta aventura y con su habitual cortoplacismo se pone a alimentar cerdos y aves a precio de ganga, y a animales de cualquier tipo, aunque eso implique no integrar los costes del cambio climático y la huella ambiental planetaria en los precios de la alimentación barata cortoplacista. Algo que hace a España un país candidato a convertirse en el nuevo Sahara en Europa, tener hormonados y medicados a los españoles por efecto de la cadena alimentaria intensivista y una creciente huella ecológica de nitratos y nitritos en el agua.

Para saber si vamos a convertirnos en saharianos lo primero que hemos constatado es que la temperatura media de España sube más de un grado de media anual. Y que esa es una de las causas fundamentales de los incendios y quemas de los llamados montes. Los montes no se queman, sino que se erosionan, ante la pérdida de capa vegetal (los bosques), ya que tras los incendios vienen las lluvias, con el consiguiente retroceso del suelo agrícola y la formación de las cuencas cristalinas del Sur de España que también se muestran en amplias zonas áridas semimarcianas de mi Aragón natal. Algo que los expertos ya han detectado y denunciado. Montserrat Díaz Raviña, presidenta de la Delegación Territorial de Galicia de la Sociedad Española de la Ciencia del Suelo, e investigadora del Instituto de Investigaciones Agrobiológicas de Galicia del CSIC, nos dejaba claro que el suelo agrícola es escaso. Y es en esa tierra atlántica y húmeda que es Galicia, donde los incendios se ceban una y otra vez, dando los medios de comunicación la impresión de que todo ello es culpa hispana resultado de la conspiración de madereros, constructores de urbanizaciones y locos de atar, que casualmente no se encuentran en Groenlandia (tierra de promisión, junto a Canadá, Siberia y el Sur de Nueva Zelanda). Nada se dice de las altísimas temperaturas que se están alcanzando en Galicia y que hace que hasta las sardinas se trasladen al Norte, tal como evidenciamos en un artículo publicado en esta web.

Fruto de estos razonamientos, el año pasado en Galicia se fundamentaba en un artículo de campo galego, las razones por las que el cambio climático agravaría en Galicia los fuegos forestales de mayor intensidad. Un año después esa visión racional se nos mostraba evidente con la subida de las temperaturas mientras los medios de comunicación insistían en que la cuestión era individual. Mientras veía en la TV esta noticia, varios grupos petroleros y sojeros seguían asolando la amazonía, la masa forestal gallega se reducía, España se asolaba y unos vecinos de la mesa de al lado se comían un chorreante bocadillo de pechuga hormonada barata con pimientos de Almería al estilo Friend Chicken y sus coleguillas un pan con jamón y tomate de un cerdo sobrealimentado con piensos y hormonas (y pata de jamón horneado). Les acompañaban una cervezas que parecían gaseosas elaboradas con maltas de cervezas importadas y ni para lúpulo les daba esta comida populista, propia del austericidio y polarización de la riqueza actual en España. La alimentación al parecer debe ser barata aunque los costes de sus consecuencias no queramos asumirlos. Ni en salud, ni en medio ambiente!. Eso es, por lo que se ve, algo propio de la esfera de las decisiones individuales, haciendo de nuestra comida un albedrío (puro azar) de este país llamado GuiriLand del todo a un euro!! Como dirían los franceses o francos al norte de los Pirineos. “C´est une boutade” O sea una intervención ingeniosa …. aunque en realidad sea propia de Don Quijote!

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