ANALISIS DE COSTES EN EL CICLO DE VIDA

ANALISIS DE COSTES EN EL CICLO DE VIDA
ANALISIS DE COSTES EN EL CICLO DE VIDA

En el campo de la economía, hay muchas gentes que hemos criticado la visión de una economía clásica que argumentaba que el mercado era capaz de poner orden en el desequilibrio económico y de que los costes productivos, junto a la oferta y la demanda, eran los únicos determinantes para medir la eficiencia de un sistema en una economía competitiva. En los años 80, un estudio financiado por diversas fundaciones norteamericanas, ya realizó un estudio comparativo del declinar de la economía industrial de EEUU frente al incesante ascenso de la economía industrial de la Mittle Europa, Japón, Corea y otras zonas del Pacífico. En el libro que publicaba dicha investigación (1), se abordaron los fenómenos del desarrollo tecnológico y la innovación, mostrando que países con menor tasa de I+D+i, tenían una mayor velocidad de adaptación a los cambios y logrando una mayor eficiencia económica. Si EEUU, con tasas de un 6% del PIB dedicadas a la I+D+i perdía competitividad industrial frente a países con menor tasa como Francia, Alemania, Holanda, Japón, Italia del Norte, los autores mostraron que ello se debía a la valorización de los aspectos de calidad en el sistema productivo. Estos factores, a igualdad o cercanía en los sistemas científicos y tecnológicos de los diferentes países, se conforman gracias a una mayor cohesión social y cultural interna de esos países y de una mejor formación en el plano profesional.

Se demostró, con ello, que la velocidad de adaptación a los cambios en una situación global de rápida difusión de los conocimientos, era determinante para fijar las condiciones de competitividad. Y que esa velocidad tenía una relación directa con los criterios de una buena formación profesional de los trabajadores y de la cohesión social de la sociedad. Los que pretenden equiparar productividad y eficiencia económica con bajos salarios, falta de cualificación profesional e inexistencia de políticas públicas sociales, deberían reflexionar sobre dicho estudio bastante exhaustivo. En España hay quien reivindica un mayor apoyo al debil entramado científico y tecnológico de este país. Nosotros apoyamos esta posición, pero queremos remarcar el anterior aspecto, por entender la complejidad de las sociedades avanzadas. Y por entender también las causas por las que la clase dirigente en España, carece de la debida formación y comprensión de lo que aún nos aleja de la Unión Europea. Queda mucho trecho para entender la buena labor que ha unido el fino hilo de la JAE que liderara el nobel D. Santiago Ramón y Cajal con su colaborador Francisco Tello , con la escuela creada por Juan Negrín (Residencia de Estudiantes), Severo Ochoa, Grande Coviam y el actual padre de la nutrigenómica José María Ordovás. Una pléyade científica universal que en España apenas se les reconoce, como tampoco se reconoce la necesidad de la calidad de un buen sistema de formación profesional. Algo que en el sector de la restauración colectiva y la producción alimentaria también se echa de menos.

                                        Científicos españoles de la medicina, reconocidos por su quehacer en este campo.

La economía moderna también ha valorado, dentro de los aspectos de la competitividad y de la economía, la figura de los costes ocultos u aquellos costes de índole social o ambiental que el mercado era incapaz de regular a medio y largo plazo. Estos costes ocultos, llamados también deseconomías, se han puesto en evidencia con el controvertido efecto de los Gases de Efecto invernadero, como causantes del actual cambio climático que ya tenemos encima. Tambien los aspectos de huella ambiental, salud pública y ambiental, la falta de resiliencia de nuestros ecosistemas, la pérdida progresiva de nuestros recursos naturales, así como el desorden social impuesto por la deslocalización productiva y financiera. Todo ello genera enormes costes sociales y ambientales que el estado y la sociedad deben asumir en términos de costes de seguridad, sociales, medioambientales, de restauración de ecosistemas, incendios y hasta de los costes para paliar enfermedades nuevas sobrevenidas en el campo de la sanidad vegetal, animal y humana y de pérdida de recursos naturales (incluida la propia pérdida de resiliencia).

En España existe un cierto rechazo a considerar la Ecología como parte de la ciencia moderna y se le ha querido asociar a una forma de pensamiento ligada a la tradición y formas productivas arcaicas, propias de personas alejadas de la modernidad. Nada más lejos de ello, la Ecología es una disciplina científica novedosa iniciada en los años 1869 por el naturalista y filósofo alemán Ernst Haeckel, a partir de las palabras griegas oikos (casa, vivienda, hogar) y logos (estudio o tratado); por ello ecología significa «el estudio del hogar». En España hemos contado con notables ecólogos, como son los fundadores de esta disciplina en España, Ramón Margalef y Bernáldez en el que se asientan los posteriores y numerosos trabajos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y el entramado de las Ciencias Medioambientales. Un entramado que tiene en Europa un conjunto de Institutos y Universidades muy acreditadas que influyen en el quehacer de Europa, sus gobiernos e instituciones. Debemos lamentarnos públicamente de que el Ministerio de Medio Ambiente de España esté cautivo por los intereses de un sector productivo agroalimentario que no hace demasiados esfuerzos por compatibilizar economía con ecología. Reivindicamos por ello, que el Ministerio de Medio Ambiente sea un ente transversal a todo el conjunto de ministerios, al igual que lo es el de la Economía y la Hacienda pública.

A la luz de estos fenómenos, en los que no nos vamos a extender, comprenderemos que la Unión Europea, frente al repliegue hacia adentro de las economías que nos flanquean (EEUU, Rusia), haya optado por promover unas políticas que incentiven la innovación, la cohesión social y el medio ambiente, como modelo económico y civilizatorio en la senda actual del mundo. Un punto de vista que la Mensa Cívica comparte plenamente y que ha sido la determinante para que nos hayamos incorporado, desde nuestro nacimiento a primeros del año 2016, al diálogo con la Unión Europea. Una Unión que deberá profundizarse en lo político y ahondar en las bases democráticas y cohesionadas de su funcionamiento. Pero entendiendo que es ahora, más que nunca, cuando le compete a Europa, junto a Japón y otras áreas del Pacífico, poner orden en el actual y preocupante repliegue mundial. Un repliegue que tiene sus causas más profundas en el nuevo descabalgamiento del capital financiero respecto a la economía real. Necesitamos un mundo de estructuras supraregionales, que acoten el poder de esos imponentes mecanismos financieros que sacuden los cimientos de la economía mundial. Un tema que en España deja mucho que desear, si se tiene en cuenta el prolongado efecto devastador de sus fuerzas económicas y productivas en la sociedad, la economía y el medio ambiente, desde hace una década. 

Aparece pues en el horizonte de la Jornada convocada en el 12 de abril de 2018 en la ciudad de Valencia, la pregumnta de que debe hacer España, respecto a las cuestiones señaladas y el medio ambiente, ante los retos marcados por la nueva Ley de Contratación Pública y los criterios que emanen de los Pliegos de contratación de Compras Verdes de alimentos y servicios de catering que prepara la Unión Europea y que van a ser próximanente publicados. Y que respuesta se espera de los poderes públicos del estado español.

La primera pregunta es la relativa a que criterios deben ser tenidos en cuenta en la contratación pública, a la hora de sustituir las anteriores adjudicaciones basadas en el menor precio, para sustituirlas por la mejor calidad/precio. El sector social se ha estado moviendo a la luz de los retos de la nueva contratación y tampoco es despreciable la labor de Lobbie que viene realizando el sector tecnológico para adecuar los criterios de contratación, tratando de presentar a España en un país de vanguardia de los sectores científico y tecnológico. En este sentido la Mensa Cívica quiere evidenciar que el proceso de innovación debe atacarse desde la base misma del problema científico tecnológico en España. No podemos ser un país que se limita a ser un campo de experimentación de tecnologías cuyas bases se encuentran fuera de nuestra comunidad, mientras se desprecian nuestros avances o se deterioran un año tras otro, los presupuestos dedicados a la I+D+i. El ser un país que se convierte en cobaya de la innovación, investigación y experimentación de poderes ajenos a nuestro propio desarrollo, no debería contar con nuestro apoyo. Si lo que se quiere es que España sea el adalid del apoyo a un reducido grupo de maquinaria, semillas e insumos químicos, biotecnología, con matriz ajena a nuestro quehacer la Mensa Cívica deberá reflejar que España no puede ser por más tiempo el caballo de Troya de poderes ajenos a la voluntad europea de tener un campo propio de nuestra acción. Pero es el campo del medio ambiente, donde la Mensa Cívica quiere concentrar el principal campo de actuaciones, ya que nacimos con esa finalidad.

Contar con criterios medioambientales adecuados requiere de amplios consensos europeos, nacionales, regionales y hasta locales, llegado el caso. Requiere tener en cuenta todos los aspectos ligados al proceso alimentario, de la comida colectiva y la economía circular, incluidos los aspectos de formación y capacidades medioambientales de las empresas que operan en este sector. Y dar apoyos a las PYMES, dada su mayor flexibilidad y adaptación a los distintos territorios y sus requerimientos. Y esta capacidad de elaboración de criterios adecuados, no deber limitarse a poner en los Pliegos de Contratación, el que se coma un porcentaje más o menos pequeño de alimentos ecológicos. Queremos ahondar en las raices de la globalidad de los procesos que concurren en el sector alimentario (incluidos aspectos como el del transporte, la logística, la tipología dietético-nutricional, el retorno a la dieta mediterránea, los productos que utilizamos en los procesos y su impacto ambiental y la ejecución de una economía circular que aumente nuestra capacidad de reducir, reutilizar y reciclar los desechos y residuos de los procesos, y mejorar nuestra estrategia alimentaria de cara al cambio climático y la resiliencia de los ecosistemas productivos de España.

Una vez definidos los criterios de una forma clara, deberemos saber evaluar las formas de validar su cumplimiento y saber cuantificar los costes asociados al ciclo de vida. En ese sentido hay que alegar que en España muy pocos trabajos de cuantificación de los ocultos costes en el ciclo de vida – (Life Cycle Costing –LCC– en inglés) de los sistemas alimentarios. Para aprender a cuantificar y destallar estos costes es destacable el esfuerzo realizado por organismos medioambientales del Gobierno Vasco en diversas áreas. Y es recomendable la lectura de la GUÍA de COMPRA PÚBLICA VERDE Y ANÁLISIS DE COSTES DE CICLO DE VIDA para iniciarse en esta labor.

A la hora de determinar los costes del ciclo de vida, nos resulta tambien de mucho interés el trabajo realizado en instituciones hispanoamericanas como la COFIN de Cuba que ha realizado estudios muy interesantes como el Procedimiento para cuantificar los costos de las actividades ambientales en la gestión de sostenibilidad del recurso agua potable (2). Todo un ejemplo práctico de como enfocar el trabajo que se abre para España y que necesita ser recopilado para que los expertos en contratación puedan llegar a la adjudicación de los contratos publicos a la opción económicamente más ventajosa,

(1) Piorée y Sabel. MIT. La segunda ruptura industrial. Ed alianza.

(2) http://scielo.sld.cu/pdf/cofin/v10n2/cofin09216.pdf

 
 

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