Alimentos de montaña: Una asignatura pendiente

Alimentos de montaña: Una asignatura pendiente
Alimentos de montaña: Una asignatura pendiente

La noticia la daban la IGP cerezas de las montañas de Alicante y Mendoza Catering en Planes, (Alicante) el pasado jueves 24 de mayo. Ambas entidades, con el apoyo de la Mensa Cívica, se comprometían a introducir en los menús escolares de finales de mayo y el mes de junio, las cerezas de esas montañas, que conforman el área protegida de las cerezas de esa conocida IGP. Las cerezas han sido tradicionales en las montañas de Málaga, Alicante, en el sistema ibérico de Zaragoza y el Jerte en Cáceres, aparte de otros lugares. Han ocupado, importantes zonas de las  montañas de nuestro país. Y los productores se ven acosados por las políticas de importaciones o de las plantaciones intensivas que han descendido a los valles, de la mano de nuevas variedades con material vegetal de origen exterior. Al igual que el olivar, la viña, los manzanos y otros frutales de montaña, se encuentran ante la desidia de las administraciones públicas y los precios malpagados de comerciantes y cadenas de distribución. Unas cadenas obsesionadas por los bajos precios al consumidor y unos márgenes comerciales elevados, con los que los productores de montaña no pueden sobrevivir. Entre otras cosas porque no pueden elevar más su eficiencia productiva por los aterrazamientos, pendientes, incapacidad de tratamientos … que curiosamente tiene su contrapartida en que son mendiaombientalmente más sostenibles, de mayor calidad alimentaria y contribuyen a una protección y custodia del paisaje de montaña.  La Dietista-Nutricionista Pilar Gómez ha escrito un artículo interesante en Mensa Cívica por las cualidades específicas de las cerezas de las montañas y la necesidad de mantenerlas activas ante los posibles ataques de la xylella fastidiosa en zonas donde el ciclo térmico es menos frío. Quizás un día, el cambio climático nos hará reflexionar tardíamente sobre aquello que debimos proteger y no lo hicimos, perdiendo gentes y capacidad de retornar cultivos a las montañas (Resiliencia). Perder una tradición frutícola en las montañas es perder un patrimonio más dificil de reponer que el de una catedral. Los conocimientos adquiridos son lentos y las pérdidas muy aceleradas. Tan aceleradas como los incendios, el desarrolllo de fauna salvaje, la erosión de los terrenos y hasta la formación de las cuencas de cristal (montículos donde el agua no penetra en el suelo, por efecto de la erosión y la pérdida de material orgánico).  

Hace no muchos días, encontraba en una conocida cadena de supermercados un alegato en defensa de las manzanas de montaña. Me pregunté como era posible este milagro y mi gozo terminó acabando en un pozo. Resulta que el alegato se producía por la influencia creciente de Italia en valorizar estas producciones. Y el comerciante de las manzanas y la cadena de supermercados parecen estar al tanto. Es curioso que sea Italia quien está haciendo esa valorización, cuando España tiene una mayor Superficie Agraria útil que este otro país mediterráneo. Pero es que cuando comprobé la etiqueta de procedencia descubrí que estaba envasada en una población que no está catalogada de montaña, por lo que no puede alegar este atributo de calidad recogido en el reglamento europeo 1151/2012, que la Comisión Europea lo desarrrolló más promenorizadamente el reglamento 665/2014. O sea que estaba ante mis ojos, un fraude alimentario de darme gato por liebre.

Llegado a este punto, cuando uno lee los preceptos de Europa del derecho a la protección de los alimentos amparados por las nominaciones como las DOP, IGP, ETG o alimentos de montaña, estamos ante un derecho que deberíamos poder ejercer los ciudanos ante los tribunales. Bien directamente, bien a través de organizaciones de consumidores o alimentarias. Pero resulta que en España tenemos que tragar fraudes, apenas hay organizaciones de consumidores que reclamen este derecho y porque además la España de la dictadura nos dejó la obligación de tener que pasar por el control de las administraciones públicas que apenas tienen medios y capacidad para controlar el fraude alimentario. (No deseo habar en este artículo de otras competencias como las de higiene y salud pública).

Pese a este punto de desesperanza, tan dado a romper mi estómago por el trágala de carros y carretas sin que apenas pase nada en este país, la verdad es que algo se va moviendo como es la apertura en Cantabria del Registro de Productos de Montaña. Ese hito marca un giro que debemos respaldar y apoyar desde otras CCAA hasta formar un conjunto de productores de productos de montaña que nos permita colocar sus alimentos en los pliegos de contratación de la comida colectiva sostenible y una valorización a través de campañas sucesivas que abran el horizonte de apoyo a esas producciones en toda España. En el mes de julio vamos a tener un encuentro de productores de montaña en el edificio el caracol de la granja Ultzama en Lizaso (Navarra). Esperemos que Navarra, Aragón y Cataluña avancemos en la apertura de registros de productos y productores de montaña. Otras CCAA también está repensando este deber para con los productores de montaña. Ojalá que como pasa con el alumno remolón, la dicha sea buena aunque tardía y podamos estar a tiempo de avanzar en lo que ya apuntamos en el ESTUDIO DEL MAPAMA

 

 

 
 

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